Cómo acabar con los piojos, todo lo que necesitas saber

Los colegios envían circulares alertando de su presencia y todos los años hay infestaciones; un insecto puede poner 300 huevos

La revisión de las cabezas de los niños es fundamental para detectar cuanto antes los piojos.virginia morán

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León

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Hay años malos y otros peores, pero los piojos siempre están en clase. Son el eterno compañero que nunca se gradúa y que repite y repite. Los colegios todos los años hacen un llamamiento a las familias, este año algunos ya llevan hasta cuatro circulares, para que vigilen las cabezas de sus hijos. Pero los piojos resisten curso tras curso.

El profesor de la Universidad de León y doctor en Parasitología Raúl Pérez Caballero explica que los piojos «son insectos muy bien adaptados y resistentes». «Han evolucionado de una forma extraordinaria y se han adaptado mucho al hospedador, a los humanos, y las liendres son muy resistentes», señala, para explicar que la vida media de este insecto es de entre 30 y 40 días desde la liendre hasta que muere de adulto y que puede llegar a poner entre cuatro y diez huevos al día: 300 liendres a lo largo de su vida. La clave de que nunca desaparezcan es, precisamente, su capacidad para reproducirse. «Al tener una tasa tan alta de mortalidad busca reproducirse mucho para proteger la especie» y, ante la gran duda de cómo sobrevive curso tras curso pese a los champús y los tratamientos para eliminarlos la respuesta está en que se alojan en las cabezas. «Son parásitos permanentes, no están en el césped, por ejemplo como las garrapatas, esperando a que pase alguien para parasitarlo», sentencia el profesor de la Universidad de León, que también deja así en entredicho la leyenda urbana de que las farmacéuticas ‘sueltan’ los piojos a principios de curso para poder vender sus productos. «Cuando la hembra pone un huevo, lo que se conoce como liendre, suelta una sustancia cementante que lo sujeta al pelo», explica Pérez Caballero en relación a la adherencia de estos huevos al cabello. Es más, añade que los piojos de cada especie están perfectamente adaptados a cada tipo de pelo. Es decir, «los piojos de un cerdo no saltarán a un caballo o a un humano, las extremidades de cada especie están adaptados a las peculiaridades de cada pelo», concreta. El

Pediculus humanus capitis, nombre científico del piojo de la cabeza —también hay otra especie que mora en el cuerpo o las ladillas, que lo hacen en las zonas genitales— se alimentan de sangre y no es vector de enfermedades, por lo que más que peligroso es algo incómodo para el niño (o el adulto), que suele sufrir el picor, sobre todo en la zona de las sienes o en la nuca, porque son zonas más cálidas, húmedas y con mucho riego sanguíneo, lo que favorece su reproducción y refugio. «Se transmiten por contacto directo, cabeza con cabeza. Con peines, sombreros o sábanas es menos probable y tienen poca importancia para la transmisión», señala el parasitólogo. Por eso es más habitual entre los niños y, cuanto más pequeños, más aún, porque juegan más juntos y tienen mayor contacto entre ellos. Pero Pérez Caballero alerta: «Exterminar al piojo como especie será muy difícil, pero sí se pueden tomar medidas para evitar que entre a una casa o a los colegios, pero si existe una brecha, el piojo seguro que entrará».

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«Exterminar al piojo como especie será muy difícil, pero sí se pueden tomar medidas para evitar que entre a una casa o a los colegios»