El coronel que tomó Prado del Rey el 23-F y pasó a gobernar militarmente León
Valencia Remón se integraría posteriormente en la vida de la provincia leonesa

Toma de posesión de Joaquín Valencia Remón como Gobernador Militar de León.
El 23 de febrero de 1981 quedó marcado en el calendario como una de las fechas más conmocionantes para España en las últimas décadas. En la provincia de León, este suceso se vivió con profunda tensión y nerviosismo ante la incertidumbre de sus consecuencias para la ciudadanía. Aunque el golpe de Estado fue orquestado por diversos mandos militares, uno de los perpetradores adquiriría una relevancia especial en la provincia posteriormente, tal como corroboran los documentos desclasificados por el Gobierno este 25 de febrero.
Se trata del coronel Joaquín Valencia Remón, quien entonces comandaba el regimiento Villaviciosa y fue el responsable de la ocupación militar de las instalaciones de RTVE en Prado del Rey durante el 23-F. Más adelante, el militar se defendería argumentando que «más que ocupar RTVE, se trataba de proteger sus instalaciones», según recogía la prensa de la época.

Joaquín Valencia Remón en una imagen de archivo.
A pesar de haber sido uno de los ejecutores directos de la asonada en Madrid, Valencia Remón fue ascendido a General de Brigada y nombrado por Real Decreto como Gobernador Militar de León, según informan diversos documentos. La prensa local del momento describió su toma de posesión como un acto «sencillo» y familiar ante las máximas autoridades civiles leonesas. Posteriormente, el general se integró en la vida social de la región, participando en eventos como la entrega de trofeos de la Gala del Deporte en el Hostal de San Marcos o presidiendo juras de bandera en el CIR del Ferral, todo ello mientras se desarrollaba el juicio contra los golpistas.
En una estructura jerárquica como la del Ejército, un ascenso y un destino estratégico tras un acto de rebeldía solo pueden admitir dos lecturas: o el sistema premiaba su lealtad a la sublevación, o se compraba su silencio alejándolo de Madrid hacia una plaza «tranquila» pero con mando efectivo. No existe el azar en un nombramiento por Real Decreto. En definitiva, el traslado de un alto mando de este perfil a León refuerza el peso estratégico que la provincia desempeñaba en el mapa de poder de la época.