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Carlos Martínez, candidato del PSOE: «No se trata de si el leonesismo es antes, el socialismo es el que mejor defiende el interés de León»

A la nueva esperanza blanca del socialismo, después de 39 años ininterrumpidos del PP, le pone cara el alcalde soriano que quiere trasladar su éxito municipal con una apuesta por crear un sentimiento de comunidad «a base de resolver los problemas a la gente»

Carlos Martínez, durante la entrevista, realizada después del nmitin que dio con Zapatero en León.ángelopez

León

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El nuevo mesías del PSOE en la comunidad, donde tantos fracasaron, porfía en acabar con la travesía por el desierto. Para lograrlo, Carlos Martínez (Soria, 1973) quiere cohesionar Castilla y León.

—¿Qué ha hecho tan mal el PSOE para que el PP gobierne de manera ininterrumpida durante 39 años?

—Haciendo una autocrítica profunda e interna, nos preguntamos qué hemos aportado los que hemos asumido una responsabilidad interna dentro de las provincias para el proyecto colectivo. La respuesta a eso es la gran virtud del PP, que es haber hecho una guerra de guerrillas provinciales, en el que todos somos muy de Soria, muy de León, muy de Segovia, muy de Ávila, y hemos aportado muy poco a ese proyecto colectivo que significa esta comunidad. Por eso hemos armado en este último año un proyecto colectivo de ejercicio de empatía en el que la voluntad de cada una de las nueve provincias, sin llegar a quitarse la camiseta provincial, entiende el proyecto colectivo autonómico como propio y que es capaz de resolver los grandísimos problemas que arrastra nuestra comunidad. Lógicamente, desde esa autocrítica, debemos entender que una de las virtudes del PP es generar una división interna en cada una de las provincias y una atomización en las reivindicaciones, más desde el ámbito provincial que del autonómico.

—¿Qué tiene su proyecto que no tuvieron los anteriores?

—No entro en una comparativa con los anteriores. Nuestro proyecto se asienta en el trabajo desarrollado por todos los equipos del PSOE a nivel anterior, incluida la anterior etapa en la que fuimos fuerza mayoritaria más votada y que lamentablemente, por esa división de las derechas que siempre se ejerce para ganar, nos hurtó poder tener una alternancia democrática que hoy por hoy es una auténtica anomalía política en el contexto autonómico de nuestro país. Por tanto, hemos generado un proyecto que está asentado en los pilares de los anteriores, pero que ha unificado ese proyecto colectivo común fijando en las competencias autonómicas el objetivo con el cual resolver las grandes necesidades que tiene nuestra tierra. Fundamentalmente, la despoblación, que no es otra cosa que cambiar este modelo que nos ha llevado hasta aquí, que ha hecho que perdiéramos un cuarto de millón de habitantes y que tiene que tener una solución diferente a partir de la aplicación de unas políticas públicas aplicadas de forma diferente, en cuanto a ordenación territorial, contemplar el problema como uno de los fundamentales, distribuir de forma distinta la sanidad, la educación y la protección social, un mapa de infraestructuras de desarrollo industrial, espacio de centros logísticos comarcalizado... Es decir, un proyecto diferente al que hoy gobierno y que nos ha arrastrado a la situación que tenemos.

—Habla de la guerra de guerrillas uniprovinciales y de la necesidad de crear un sentimiento.

—Más que un sentimiento, hechos.

—Usted habla de un sentimiento de comunidad. ¿Cómo cree que puede lograrse?

—Esta comunidad sí que tiene sentimientos y tiene alma. Por tanto, tenemos que intentar que, a través de las políticas públicas, seamos capaces de responder a sus necesidades y con las respuestas a sus necesidades, sin menoscabar ni un ápice la identidad provincial de cada una de ellas, poder armar un proyecto colectivo. No sé si eso alcanzará a tener un sentimiento castellano, por un lado, o castellano y leonés, por el otro. Pero sí que tendremos un camino importante ganado si somos capaces de recorrerlo dando soluciones a los problemas del día a día. El sentimiento de cada uno es subjetivo y es libre. Lo que necesitamos es garantizar las administraciones públicas que ese sentimiento se vea reforzado y se haga una realidad a base de resolverle los problemas a la gente. Cuando tú no resuelves los problemas a la gente, cuando se produce un distanciamiento entre sus necesidades y las políticas públicas que se arman, se produce un distanciamiento que evidencia que en las provincias hagamos nuestra guerra de forma particular.

—Dentro de esta guerra de guerrillas, casi todas las provincias inciden en que se ha primado a Valladolid.

—Creo que tendríamos que entender que Valladolid ha concentrado gran parte del poder y gran parte de las infraestructuras administrativas que tiene esta comunidad. Cuando hablamos de la necesidad de ejercer una descentralización del poder y una descentralización administrativa, no significa hurtar a Valladolid lo que ya tiene, sino implicarse en los territorios, generando organismos, instituciones, prestación de servicios que de alguna forma se entiendan integradas todas y cada una de las provincias. Lo que existe y lo que es real es un modelo de la concentración: un modelo equivocado, bajo mi punto de vista, que es causa directa de la despoblación del territorio porque se ha concentrado la inversión en torno a Valladolid y el resto de capitales de provincia. Por tanto, se ha abandonado a su suerte a las comarcas y se han prestado los servicios, fundamentalmente, desde las capitales de provincia; los administrativos autonómicos, especialmente desde Valladolid, y lo que ha generado es que una comunidad, que era una comunidad eminentemente municipal, con 2.248 municipios, con gobiernos locales pequeños dispersos, se esté cambiando ese modelo por un modelo equivocado de concentración de la inversión y la población. Eso es una realidad, pero se ha cometido en Castilla y León y, a nivel estatal, se ha cometido en Madrid, que exactamente tienen lo mismo.

—Habla de descentralizar. ¿Serían nuevas instituciones y las consejerías no se mueven de Valladolid?

—El planteamiento de abrir el melón de la descentralización no tiene líneas rojas; lo digo así abiertamente.

—¿Podrían salir las consejerías de Valladolid?

—Bueno, no, es que las consejerías tienen sus direcciones generales, que las direcciones generales tiene que haber una remodelación administrativa precisamente para atender las nuevas necesidades. Cuando estamos hablando de que tenemos que potenciar la movilidad, tenemos que intentar tener una investigación sobre la movilidad de transporte en esta comunidad, tenemos que intentar plantearnos la transición energética y la transición ecológica, lo tiene que tener espacios de nueva creación. Tenemos que intentar adaptar una administración, que es del siglo XX, a la realidad del siglo XXI para adaptarnos al modelo de transformación que nos están exigiendo los nuevos fondos europeos y el que se está abordando. Cuando estamos planteando, y hemos hecho nuestro trabajo con el Ministerio de Defensa, un centro de tecnología avanzada aplicada a Defensa o los 200 puestos de trabajo que van a significar en León y en Valladolid, estos contratos que el Ministerio de Defensa ha desarrollado con Indra para potenciarlo, estamos hablando de que estamos generando recursos y unas vías de desarrollo ejecutivo de creación de empleo que son absolutamente incuestionables. Cuando hablo de descentralización de poderes, no negarme a nada, pero sí que estamos hablando de que necesitamos la reorganización administrativa que nos permita sacar esa descentralización de todas las provincias.

—Concejales y ayuntamientos del PSOE han pedido la Autonomía Leonesa. ¿Se lo plantea?

—Tenemos que ser absolutamente respetuosos y que la militancia, con los planteamientos que se pongan encima de la mesa, hable. La militancia de León, sea de forma minoritaria, o sea de forma mayoritaria, está en su legítimo derecho de presentar unas propuestas. Y la propia militancia, aprobarlas o no aprobarlas, dentro de los procesos congresuales. El Partido Socialista aprueba un programa marco que sale de las aportaciones de sus militantes y, hoy, no está recogido ese mandato por parte de la mayoría abrumadora que tuvimos en la aprobación de la ponencia marco, que si no recuerdo mal llegó 99% en el congreso de Palencia. En el mandato que yo tengo de la militancia de mi partido, al que me debo, precisamente no se recoge hoy todo esto. Eso no quiere decir que no sea consciente de que ese debate existe, que hoy por hoy no tiene el respaldo del mayoritario y, por tanto, no es el objeto fundamental de la acción de gobierno que yo quiero desarrollar en la Junta.

—Póngase en el día 16 de marzo y que suman con UPL una mayoría. ¿Aceptaría el referéndum a cambio del apoyo?

—Me gustaría tener esa hipótesis. Pero en caso de soñar, mis sueños van por otro lado. Soy capaz de soñar, de una forma más satisfactoria, una mayoría absoluta y no depender absolutamente de nadie, ya que nos ponemos a hacer hipótesis, y nos ponemos a hacer ensoñaciones.

—Déjelo en que puede pactar.

—Esa matemática endiablada sería muy compleja, no única y exclusivamente con UPL. Yo lo que digo es que tiempo al tiempo. Ponerme en una hipótesis para que me arrancaran un titular en el que se diga si estaría o no estaría dispuesto, comprenderá que no se lo voy a dar.

—Hace poco se montó un jaleo cuando Felipe González dijo que no votaría Sánchez. Usted cree que le va a pasar lo mismo con José Antonio Diez. ¿Sabe que va a tener el voto de José Antonio Diez o lo duda?

—Tengo una confianza y una amistad muy estrecha con José Antonio. Es verdad que hay unas discrepancias en el ámbito más orgánico, interno dentro del partido en León, que yo creo que no lo podemos cuestionar; es una realidad, de diferentes modelos que yo tengo respetar, pero al final José Antonio es un militante de este partido.

—No estuvo, por ejemplo, en el mitin de Zapatero y usted.

—La ausencia la he leído en los medios de comunicación. Yo no he hablado con él en esta ocasión. Hablamos de vez en cuando, pero no hablo de todo esto porque yo sé cuáles son las sensibilidades en el Partido Socialista en León, pero yo estoy convencido de que José Antonio, como muchos militantes, son conscientes de lo que no estamos jugando ahora mismo, y que hoy se juzgan 40 años de PP y la oportunidad de generar un cambio en esta comunidad, así que no tengo ninguna duda.

—No tiene ninguna duda de su voto. Se revierte la pancarta histórica de la manifestación del 84, que decía ‘somos socialistas, pero antes leonesistas’. ¿Esta vez es ‘somos leonesistas, pero antes socialistas’?

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—Es que el Partido Socialista es el partido más leonesista, como ha dicho Zapatero. Voy a plantearlo así abiertamente: yo soy seguramente mucho más leonesista que muchos de los que expiden carnés de leonesismo, porque cuando conoces un territorio, cuando lo respetas, cuando eres consciente de que las reivindicaciones que se pone encima de la mesa no solamente son justas, sino que son absolutamente necesarias, porque nosotros ya atravesamos por todo eso, entiendes este proyecto de comunidad. Por tanto, no es una cuestión de si fue antes el leonesismo o el socialismo, yo creo que el socialismo es el que mejor defiende los intereses de León sin ninguna duda.