Diario de León

El rastro de la crónica negra en Villahierro: de las asesinas de Isabel Carrasco al "asesino del Camino"

El centro penitenciario leonés ha albergado a algunos de los criminales más mediáticos de la última década, marcando la historia judicial de la provincia

María Martínez Peña
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La prisión de Villahierro no es solo un complejo de muros y celdas en el municipio de Mansilla de las Mulas; es el lugar donde se han cerrado algunos de los capítulos más oscuros y seguidos de la prensa española. Por sus módulos han desfilado perfiles que van desde crímenes políticos que conmocionaron a todo un país hasta asesinos de peregrinos que pusieron en jaque la seguridad del Camino de Santiago, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva de León.

Sin duda, las presas más recordadas son Montserrat González y su hija Triana Martínez, condenadas por el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, en 2014. Ambas ingresaron en Villahierro inmediatamente después del crimen, donde permanecieron dos años marcados por la polémica y su falta de adaptación. Tras un convulso periodo en el que incluso compartieron celda y protagonizaron incidentes de indisciplina, fueron trasladadas en 2016 a la cárcel de Villanubla (Valladolid) y posteriormente a Asturias. Actualmente, Montserrat cumple una pena de 22 años y Triana de 20; esta última ha comenzado recientemente a disfrutar de sus primeros permisos penitenciarios tras más de una década entre rejas.

En el mismo caso se vio envuelta la expolicía local Raquel Gago, cuya estancia en Villahierro fue intermitente. Ingresó inicialmente en mayo de 2014, logrando la libertad provisional ocho meses después. Sin embargo, tras la sentencia firme del Tribunal Supremo que elevó su condena a 14 años por complicidad, regresó a prisión en diciembre de 2016. Gago no terminó su condena en León, ya que fue trasladada a Madrid por motivos familiares. En la actualidad, ya no se encuentra en régimen cerrado; obtuvo el tercer grado en 2022 y cumple el resto de su pena en un Centro de Inserción Social, con una fecha de libertad total prevista para el año 2030.

Otro nombre que resuena en los archivos de Villahierro es el de Miguel Ángel Muñoz Blas, el autor del asesinato de la peregrina estadounidense Denise Pikka Thiem en 2015. Muñoz Blas permaneció en la cárcel leonesa durante toda la instrucción y el juicio, donde fue condenado a 23 años de prisión. Su paso por el centro estuvo rodeado de una fuerte atención mediática debido a la repercusión internacional del caso. Aunque los traslados de presos de larga duración son habituales por motivos de seguridad o tratamiento, su figura sigue ligada a Villahierro como el lugar donde comenzó a pagar por un crimen que cambió los protocolos de vigilancia en las rutas jacobeas.

Finalmente, la prisión también ha sido "hogar" de delincuentes históricos como Santiago Izquierdo Trancho, considerado en su momento uno de los presos más peligrosos de España. Con un historial delictivo que se remonta a los años 80 y múltiples condenas que sumaban más de 130 años, Izquierdo Trancho protagonizó un mediático episodio en 2018 cuando se fugó aprovechando un permiso del Centro de Inserción Social de León, vinculado a la prisión. Aunque fue capturado poco después, su caso reabrió el debate sobre la vigilancia de los internos con perfiles de alta peligrosidad en el centro leonés.

El paso de José Enrique Abuín Gey, más conocido como "El Chicle", por la prisión de Villahierro fue uno de los episodios más complejos y blindados en la historia reciente de este centro penitenciario. El asesino confeso de Diana Quer fue trasladado a la cárcel de Mansilla de las Mulas en enero de 2018, apenas un mes después de su detención y del hallazgo del cuerpo de la joven madrileña en una nave de Rianxo. Su llegada a León no fue casual, sino una medida desesperada de Instituciones Penitenciarias para garantizar su integridad física tras las graves amenazas de muerte recibidas por parte de los clanes de narcotraficantes en las prisiones gallegas de Teixeiro y A Lama.

Durante su estancia en Villahierro, "El Chicle" permaneció bajo un estricto protocolo de prevención de suicidios y, sobre todo, bajo la figura del "preso sombra". Esto implicaba que Abuín Gey nunca estaba solo; compartía celda las 24 horas del día con un interno de confianza, cuya misión era vigilar que no se autolesionara ni fuera atacado por otros reclusos que veían en su crimen el delito más despreciable del código no escrito de las cárceles. Su vida en el módulo 15 de Mansilla de las Mulas fue solitaria y discreta, evitando cualquier conflicto directo para no perder los escasos privilegios de los que disponía en un entorno de máxima seguridad.

El paso de Abuín por León se prolongó durante aproximadamente un año y medio. Durante este tiempo, la prisión se convirtió en un búnker ante el constante acecho de los medios de comunicación que buscaban cualquier detalle sobre su comportamiento o sus comunicaciones con el exterior. Sin embargo, su estancia en tierras leonesas fue transitoria. Tras la celebración del juicio en Santiago de Compostela a finales de 2019, donde fue condenado a la Prisión Permanente Revisable, fue trasladado de nuevo a centros penitenciarios de Galicia y, posteriormente, de Castilla y León para estar más cerca de los juzgados por otras causas pendientes, como el intento de secuestro de una joven en Boiro.

 Cumple su condena de cadena perpetua en el centro penitenciario de Mansilla de las Mulas, aunque ha pasado por otros centros como el de Dueñas (Palencia) o A Lama (Pontevedra) por motivos de reagrupamiento y seguridad. Su situación jurídica es definitiva tras la confirmación de su pena por el Tribunal Supremo, lo que le convierte en uno de los pocos presos en España que no tiene una fecha de salida establecida, permaneciendo bajo un régimen de vigilancia que intenta equilibrar su seguridad personal con el cumplimiento de la condena más alta del sistema penal español.

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