Diario de León

Silvia Merino, Responsable de Ventas de Fidelity International: «La volatilidad es parte de la inversión a largo plazo y hay que aprender a convivir con ella»

Silvia Merino.

Silvia Merino.dl

María Jesús Muñiz Prieto
León

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'Las claves para invertir en el momento actual del ciclo' es el título de la conferencia que esta tarde, a partir de las 20.00 horas, desarrollará Silvia Merino, responsable de Ventas de Fidelity International. Una conferencia coloquio con la que Andbank retoma su ciclo anual de análisis en León, que se desarrolla en el Cllub de Prensa de Diario de León con entrada libre hasta llenar el aforo.

—Su conferencia llega en un momento de especial crisis e incertidumbre. Antes de nada, ¿cómo tienen que actuar los inversores en momentos como este?

—En periodos de fuerte volatilidad como el actual lo primero es mantener la calma y el foco en nuestros objetivos de inversión a largo plazo, evitando el llamado «market timing» (esto es, intentar predecir los movimientos de los mercados para adelantarnos vendiendo o comprando) pues es una estrategia muy arriesgada que casi siempre sale mal, ya que es muy habitual que a las grandes caídas les sigan fuertes subidas (y viceversa). De hecho, la gran mayoría de los inversores que intentan llevar esto a la práctica suelen perderse las mejores subidas, lo cual puede tener un gran impacto en los rendimientos a largo plazo, por lo cual evitar salir y entrar de los mercados suele ser la mejor solución. La volatilidad es parte normal de la inversión a largo plazo en renta variable y hay que aprender a convivir con ella.

—¿Cuáles eran las perspectivas antes de la crisis internacional actual, y cómo cambia esto el escenario?

—Antes de esta nueva crisis eran «positivas pero con prudencia», y esperábamos unos resultados para los mercados por la inercia de 2025, el control de la inflación, etc. Pero el estallido del conflicto en Oriente Próximo introduce un shock estanflacionista en la economía global. El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz desde principios de marzo ha pasado de ser un riesgo teórico a una restricción física, generando un shock de oferta: por un lado, hay más inflación debido al aumento sostenido de los precios de la energía y las materias primas, y por el otro, un menor crecimiento debido a la pérdida de poder adquisitivo, el endurecimiento de las condiciones financieras y la presión sobre márgenes, especialmente en regiones importadoras de energía como la nuestra. De hecho, Europa y Asia se verán más afectadas, mientras que EE UU está relativamente más protegido. Además, La volatilidad es parte normal de la inversión a largo plazo en renta variable y hay que aprender a convivir con ella, en línea con un escenario de fragmentación estratégica a medio plazo.

—¿Qué países y mercados van a sufrir más repercusiones, y cómo hay que posicionarse ante ello?

—En Estados Unidos, la dependencia energética ha caído de forma significativa en la última década, lo que limita el impacto del shock petrolero en el país. Si bien su consumo se ha moderado, las devoluciones fiscales deberían apoyar la demanda en la primera mitad de 2026, lo cual, unido a la elevada productividad y unos salarios todavía sólidos sostendrían los ingresos. En cuanto a Europa, sí que afrontamos un shock estanflacionista derivado del conflicto, y aunque la exposición directa a materias primas de Oriente Próximo es menor que la dependencia del gas ruso en 2022, el canal de precios supone un riesgo al alza para la inflación y negativo para el crecimiento. Y si bien el BCE probablemente mantendrá tipos por ahora, podría subirlos si el conflicto se prolonga y aparecen efectos de segunda ronda, momento en el cual los gobiernos podrían recurrir a política fiscal expansiva para amortiguar el impacto inflacionista. Por último, Asia es más vulnerable al shock de oferta, aunque cuenta con mayor margen de política económica y colchones de reservas. La duración del conflicto será clave para su crecimiento, y esperamos que los distintos países apliquen una relajación fiscal para compensar parte del impacto. Si centramos el foco en China, vemos que ha reducido su objetivo de crecimiento al 4,5–5?%, ganando así flexibilidad ante el aumento de la incertidumbre. Y Japón es el país que tiene menos margen: su banco central seguirá normalizando tipos, en un contexto de subidas salariales, política fiscal expansiva y mayores precios globales de energía y alimentos.

—Si la inflación repunta y los tipos también, ¿qué reflexiones tienen que hacer los ahorradores?

—Aquí los ahorradores deben tener en cuenta que un repunte inflacionario impulsado por la energía podría limitar la capacidad de los bancos centrales para relajar la política monetaria si el crecimiento se desacelera. Los mercados asumen actualmente cierta flexibilidad por parte de sus responsables pero esta hipótesis podría ponerse a prueba, lo cual tendría claros efectos en la confianza de los ahorradores, ya que una incertidumbre geopolítica elevada podría pesar sobre la inversión corporativa y el gasto de los consumidores, incluso en ausencia de shocks físicos de oferta. Pero si estos canales permanecen contenidos, el crecimiento de beneficios —y no la geopolítica— probablemente volverá a imponerse como el principal motor de las rentabilidades de la renta variable.

—¿Cuánto durará la volatilidad en los mercados, qué podemos esperar?

—Aunque ya esperábamos que 2026 fuera un año de volatilidad, el alto nivel actual durará lo que dure el conflicto. Nuestro escenario principal (al que asignamos una probabilidad del 65%) es el de que dure varias semanas más, e incluso meses, con una salida posible cuando ambas partes decidan que ya no es racional continuar el conflicto. En tal caso el petróleo se moverá en el entorno de los 90-110 dólares por barril, dependiendo de la respuesta de la oferta y la duración.

—¿Cómo afectará la crisis del petróleo a los inversores?

—Una disrupción prolongada en el estrecho de Ormuz generará un repunte aún mayor del Brent, con consecuencias inflacionarias globales y respuestas políticas obligadas. La distinción clave es que estructuralmente se trataría más de un shock del crudo marítimo que de un shock de oferta doméstica. Esto supondría un viento en contra a corto plazo para la renta variable, sumándose a las preocupaciones actuales en torno a la IA. Pero también afectaría al riesgo de la renta fija, especialmente para consumidores de petróleo o emisores con fuerte exposición a costes (de nuevo, queda por ver hasta qué punto esto será un episodio puntual de unas pocas semanas más). Sería positivo para el oro y el conjunto del espacio de metales preciosos, los únicos refugios reales en un mundo afectado por shocks de oferta. Históricamente, el dólar ha funcionado bien en este tipo de situaciones, aunque esto ya no es necesariamente un resultado asegurado. La diversificación seguirá siendo clave incluso si este episodio acaba prolongándose en el tiempo

—En un escenario en el que se multiplican los conflictos geopolíticos, ¿cómo trabajan los analistas para hacer sus previsiones?

—En realidad, tras las numerosas crisis de los últimos años (aranceles, invasión de Ucrania, Covid…), esta situación es una más, y un escenario que ya forma parte de su trabajo habitual. La clave pasa por la gestión activa y volver a la base de los fundamentales de las compañías en las que invertimos.

—Hoy hablará de las claves para invertir en el momento actual del ciclo. ¿Cada vez es más difícil adelantar en qué parte del ciclo estamos?

—Sí, a parte de la dificultad intrínseca en una situación sin crisis, el actual escenario complica aún más ver en qué parte del ciclo estamos. Lo que deberíamos hacer es enfocarnos en la gestión activa a largo plazo basada en el análisis fundamental de las empresas en que invertimos.En el caso de Fidelity, tenemos un auténtico «ejército» de analistas queestánrepartidos por todo el mundo.

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