La Unidad del Dolor triplica sus medios para limar 1,2 millones de jornadas de baja
El servicio se expande a La Bañeza y Astorga con 3 fisioterapeutas para evitar a los pacientes ser esclavos de fármacos. La «epidemia silenciosa» del sufrimiento crónico afecta al 20% de la población con un coste de 30 M€ anuales

Los tres nuevos fisioterapeutas para Astorga y La Bañeza.
Sacyl se ha propuesto atajar la «epidemia silenciosa» que genera el dolor crónico no oncológico, ya que es responsable de 1,2 millones de jornadas laborales perdidas al año en la provincia con un coste de 30 millones. Pero sobre todo porque ese dolor persistente, que provoca apatía e incapacidad, no representa solo un síntoma, sino que constituye una jaula para los miles de pacientes que lo sufren.
De hecho, impacta en el 20% de la población leonesa —uno de cada cinco vecinos—, cuya vida se había convertido en una tregua constante contra la enfermedad hasta que en noviembre de 2024 se puso en marcha la Unidad de Afrontamiento Activo del Dolor Crónico en el centro de salud de El Ejido. Un servicio que rompe ahora sus costuras para expandirse y llegar también a las comarcas de Astorga y La Bañeza.

Espacio del centro de salud de Astorga donde se tratará el dolor crónico
Y junto al despliegue de medios, se aplicará el cambio de paradigma para afrontar el dolor bajo un enfoque revolucionario que inhibe cada «tormento» particular. La unidad se refuerza con tres nuevos fisioterapeutas especializados en neurociencia para tratar a gran parte de los 1.300 pacientes que anualmente inician tratamientos de fisioterapia en la zona.
Hasta la llegada de esta unidad, el paciente entraba en un ciclo de dolor, reposo, atrofia, más dolor y más fármacos y terapias invasivas que sólo servían de parche. Su baja se cronificaba y, en muchos casos, derivaba en una incapacidad permanente. Además, el 80% de las consultas por esos motivos se resuelven en los centros de salud y saturan las agendas de los médicos de familia. Con el nuevo servicio, «no se trata de esperar a que el dolor pase, sino de resetear al cerebro para enseñarle que el cuerpo puede volver a moverse sin miedo», explican los especialistas.

Parte del equipo multidisciplinar formado para llevar la unidad de afrontamiento del dolor crónico a Astorga.
El programa destierra el reposo —que genera discapacidad y aislamiento— y apuesta por el ejercicio supervisado y por entender la fisiología del dolor para perderle el miedo. Esta alternativa, que solo funcionaba en Valladolid como centro de referencia autonómico hasta hace año y medio, consolida ahora a León como el gran referente en el tratamiento de neuropatías, fibromialgia, cefaleas y síndromes complejos.
El crecimiento de la unidad hacia Astorga y La Bañeza supone un alivio logístico sin precedentes que evitará decenas de desplazamientos de pacientes que, padeciendo dolores invalidantes, se veían obligados a viajar hasta la capital. Para un enfermo con fibromialgia o dolor lumbar crónico, realizar el trayecto de 50-60 kilómetros desde su municipio hasta la capital supone un agravamiento del dolor por la postura que debe adoptar en el coche y el estrés del viaje. Dar el servicio en Astorga y La Bañeza, elimina esas barreras y permite que el enfermo llegue a la terapia en mejores condiciones físicas y mentales para el «reset» cerebral que propone el tratamiento.
Con la incorporación de los tres nuevos fisios, la unidad no solo acorta tiempos de espera, sino que prepara el terreno para nuevos programas. En el horizonte cercano están las unidades de dolor crónico infantil y los programas específicos para personas frágiles y la prevención de caídas. Por cada euro invertido en fisioterapia de afrontamiento activo, se estima un retorno de casi 4 euros en ahorro de procesos quirúrgicos, pruebas diagnósticas (resonancias, TACs) y prestaciones por incapacidad. Y en solo tres años el número de personas que inician tratamientos de este tipo se han triplicado de unos 500 a más de 1.000.
Colaboran con centros de biología de Europa y EE UU
La Unidad de Afrontamiento Activo enseña a manejar el dolor crónico «sin fármacos» a los propios pacientes hasta que lo olvidan y pueden volver a desarrollar una vida cotidiana normal. Para ello interviene un equipo multidisciplinar de fisioterapeutas, médicos, expertos en salud mental y enfermeras, que valoran a cada usuario, marcan unas pautas y aplican educación en la neurociencia más avanzada y programas de ejercicios terapéuticos.
Esta unidad «supone un auténtico cambio de paradigma en el tratamiento del dolor, centrado en recuperar la calidad de vida de los pacientes sin sufrir efectos secundarios» y con una atención integral y personalizada.
Colaboran con centros de genética de Europa y EE UU y coordinan recursos entre atención primaria y el hospital. El dolor crónico entra en la vida para quedarse, pero unidades como la de El Ejido demuestran que el cerebro puede aprender a abrir la puerta y dejarlo salir.