Diario de León

La nube eléctrica que ha dejado muda a León durante la noche de este sábado

Decenas de leoneses presencian un insólito fenómeno meteorológico sobre la Catedral donde los relámpagos iluminan la noche en un silencio absoluto

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La tarde de este sábado no ha sido una más para los vecinos de León. Mientras las terrazas de la Plaza Mayor y los alrededores de la Catedral bullían de actividad, el cielo decidió robarse el protagonismo. Una imponente formación nubosa, de un gris plomizo casi artificial, se estacionó sobre el centro de la ciudad, desplegando un espectáculo de ramificaciones eléctricas constantes que cruzaban el firmamento de lado a lado. Sin embargo, lo que empezó como una carrera por buscar refugio ante la tormenta inminente, se convirtió pronto en un desconcierto generalizado: no había sonido.

El fenómeno mantuvo a la capital leonesa bajo una luz parpadeante durante más de cuarenta minutos. Lo habitual ante tales destellos es esperar el rugido del trueno, pero en esta ocasión, el silencio solo era roto por el murmullo de los transeúntes que, teléfono en mano, grababan incrédulos la escena.

Aunque la sorpresa es total entre la población, los expertos apuntan a que podríamos estar ante un episodio de "tormenta de calor" o rayos lejanos cuya acústica se ve refractada por diferentes capas de aire. No obstante, la verticalidad del fenómeno, justo encima de las cabezas de los leoneses, hace que esta explicación técnica no termine de convencer a los más supersticiosos.

Por ahora, la nube se desplaza lentamente hacia la zona de la montaña central, dejando tras de sí una ciudad que mira al cielo con más dudas que respuestas. Sin daños materiales ni precipitaciones, el suceso queda como una curiosidad meteorológica histórica para la capital, recordándonos que, a veces, la naturaleza prefiere dar un espectáculo visual sin necesidad de levantar la voz.

Dentro de las posibles causas, los meteorólogos locales señalan que el origen de este espectáculo es una Cumulonimbus, la nube de gran desarrollo vertical por excelencia. Estas nubes funcionan como auténticas pilas gigantescas donde el hielo y el agua en su interior generan una fricción brutal, acumulando una carga eléctrica masiva.

Lo extraordinario en el caso de León es que la descarga se está produciendo de forma intra-nube (entre diferentes partes de la misma nube) a una altitud tan elevada que la densidad del aire y la distancia impiden que la onda de choque del trueno llegue a nivel de calle con la intensidad suficiente para ser escuchada. Es, en esencia, una Cumulonimbus "silenciada" por las condiciones atmosféricas de la meseta, ofreciendo toda su furia visual pero guardándose el estruendo para las capas altas de la atmósfera.

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