El Hospital de León estrena las Salas Blancas donde se prepararán 8 millones de medicamentos
En ese espacio ultraestéril ya se manejan los fármacos citostáticos para pacientes oncológicos. Ese espacio limpio minimiza los riesgos de la plantilla al manipular las medicinas y de los pacientes

Están construidas en acero inoxidable con superficies lisas y sin esquinas para evitar que se acumule polvo o bacterias.
El Hospital de León ya ha estrenado sus Salas Blancas, un búnker farmacológico de 340 metros cuadrados situado en la planta –1, que se ha convertido en el nuevo corazón de alta seguridad del complejo asistencial.
En este espacio ultraestéril se prepararán 8 millones de unidades de medicamentos al año con un manejo seguro tanto para los pacientes como para los profesionales. Y las primeras medicinas con las que han arrancado son los citostáticos, que se usan para frenar la división celular y el avance de los tumores. Las mezclas se están efectuando en ese entorno donde se controla el aire, la temperatura, la humedad y las partículas para evitar infecciones y contaminación, y dar así respuesta a los 2.440 pacientes oncológicos ambulantes y a miles de usuarios de consultas externas. En las Salas Blancas se garantiza que cada dosis de quimioterapia o inmunoterapia se valida con una precisión quirúrgica.
No en balde, usan filtros hepa para eliminar microbios, puertas con doble esclusa y presión positiva para que al abrirlas no entre aire contaminado del exterior y están construidas en acero inoxidable con superficies lisas y sin esquinas para evitar que se acumule polvo o bacterias. Es más, el personal que trabaja en estas zonas sigue protocolos estrictos de vestimenta especial de batas, gorros, mascarillas y desinfección.
De modo que el servicio de Farmacia del Hospital de León da un paso de gigante tras poner a funcionar unos espacios limpios que costaron 1,4 millones de euros.
El verdadero valor diferencial de estas nuevas instalaciones reside en la capacidad de producir medicación personalizada y de alta peligrosidad con un riesgo de contaminación prácticamente nulo. Y esa seguridad que aportan sirve en dos direcciones: para proteger a los propios trabajadores (personal de Enfermería y técnicos) que se encargan de los estériles y preparados peligrosos, y a los enfermos que los ingieren.
Por entender la magnitud del trabajo que desarrollan, además de a los enfermos oncológicos (3.500 nuevos diagnosticados cada año), se encargan de la medicación de los pacientes ingresados y las nutriciones parentales (para 265.213 estancias), de los 6.000 ambulantes no oncológicos y los de consultas externas.
Para cada uno de estos usuarios no solo preparan y dispensan la medicación que necesita, sino que realizan la atención farmacéutica previa que incluye la individualización de la medicación con su indicación, dosis exacta e interacciones de cada fármaco.