Obituario

Muere Manuel García Álvarez y León despide al hombre políglota y humano que sentó las bases del Procurador del Común

Experto en Derecho Constitucional en la Univerdad de León, fue el primero en ocupar la institución desde la que se implicó con todos los que acudían a perdirle consulta

Manuel García Álvarez cuando en su despacho del Procurador del Común en 2005.Daniel

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Manuel García Álvarez abrió muchos caminos y sentó las bases de la institución del Procurador del Común y del Departamente de Derecho Constitucional de la Universidad de León. Singular en su pasión por las lenguas eslavas, abierto de miras y con una alta capacidad de empatía, León despide hoy a este asturiano que pasó por Harvard y que dejó una profunda huella en todos los alumnos que pasaron por sus aulas, "no sólo por sus conocimientos, que también, si no por su cercaníay por una capacidad humana destacable", como apunta el actual Procurador del Común, Tomás Quintana, quien compartió con él muchas horas en la Universidad de León.

"Humilde en su condición de profesor, no hacía alarde de sus conocimientos, pero quienes trataban con él sabían que era una persona muy cultivada, un apasionado lector, que pensaba en estudiar y formarse y formar a sus alumnos", añade Quintana, para quien García Álvarez fue "un referente, no sólo como Procurador del Común, también como académico y profesor de la Universidad".

Asturiano de nacimiento, Manuel García Álvarez dirigió el Procurador del Común desde 1995 hasta 2005. En este cargo, "aplicó su saber jurídico en quienes acudían a él, aunque no fuera su competencia" porque "consideraba que el Derecho Constitucional tenía que ser para ayudar a las personas con nombres y apellidos", como comenta su pupila, Ester Seijas, quien hoy sigue sus pasos en el Área de Constitucional de la Universidad de León junto con un equipo que también tuvo como primer referente a Manuel García Álvarez.

Le gustaba escribir con máquina de escribir, una máquina que tenía las letras cubiertas con las letras cirílicas, tal era su pasión por el ruso. Políglota, capaz de hablar ocho días, gran parte de ellos eslavos, en los últimos años de su vida, tras regresar a la Universidad y jubilarse como profesor, se dedicó a escribir cuentos. 'La velada en la casa rectoral' es uno de ellos, aunque también apostó por poner blanco sobre negro la historia de su vida.

Memorias de una vida en la que colaboró en textos legales de la antigua Unión de Repúblicas Rusas e incluso intentó aportar democracia a Cuba tras una petición del propio Raúl Castro.

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"Aparentemente serio y riguroso, tenía una profunda humanidad y académicamente una visión internacional", apunta Seijas.