Juan Ramón Caridad: «Es imposible entender los mercados sin unir la geopolítica, la energía y la IA»
El responsable de clientes estratégicos Iberia & Latam de Pictet AM abordará hoy en el Club de Prensa de Diario de León (20.00 horas), de la mano de Andbank y el inversorinquieto.es, las tres fuerzas que están redefiniendo los mercados: energía, geopolítica e IA

Caridad opina que la energía solar y eólica son clave ante el alza de energía que exigen los centros de datos.
—¿La geopolítica es hoy más importante para los mercados que los datos económicos tradicionales?
—No ha sustituido a los datos económicos, pero hoy están mucho más conectados. Vivimos en un mundo muy endeudado y cualquier shock que afecte a la inflación puede terminar afectando a los tipos de interés, al coste de la deuda y al crecimiento. La guerra entre Rusia y Ucrania, o las tensiones en puntos estratégicos como Ormuz, Bab al-Mandeb o Malaca, puede afectar al gas, al petróleo o al comercio internacional y acabar teniendo consecuencias sobre los mercados. La batalla por el liderazgo tecnológico que están librando Estados Unidos y China también es clave. Por eso hoy resulta difícil analizar los mercados sin entender la geopolítica.
—La demanda de energía aumenta incluso en las economías desarrolladas. ¿Dónde estamos realmente en la transición energética y qué oportunidades genera?
—Estamos entrando en una etapa diferente. La transición energética afronta ahora un reto adicional, que es el fuerte crecimiento de la demanda eléctrica. La inteligencia artificial, los centros de datos, la reindustrialización de Occidente y la robotización son actividades intensivas en electricidad. Las economías desarrolladas vuelven a necesitar mucha más energía. En los próximos tres o cinco años necesitamos capacidad que pueda desplegarse con rapidez. Y creo que ahí la electricidad solar y la eólica tienen una ventaja importante, complementadas por gas, almacenamiento y, a más largo plazo, la energía nuclear. Hay oportunidades en generación renovable, redes, almacenamiento e infraestructura, pero también en chips eficientes, refrigeración, fibra óptica y componentes para reducir el consumo de los centros de datos. La energía se está convirtiendo en una infraestructura crítica: no hay IA a gran escala sin energía.
—Se ha pasado de considerar la Inteligencia Artificial el gran motor que justificaba cualquier subida a hablar de burbuja. ¿En qué fase estamos y quién puede beneficiarse de la siguiente etapa?
—Hay que separar tres cosas: los componentes y la infraestructura que hacen posible la IA; los centros de datos; y lo que finalmente pueden hacer los modelos y sus aplicaciones. El gran cambio es que la IA está dejando de ser solo una herramienta para procesar información. Estamos entrando en una etapa en la que una persona sin conocimientos avanzados de programación puede describir lo que necesita y crear una aplicación. Eso supone una democratización del software con grandes implicaciones económicas. Una de las principales oportunidades está en la nueva generación de componentes eficientes. Ya no se trata únicamente de entrenar modelos cada vez más grandes: tenemos miles de millones de interacciones con IA y cada una consume recursos. Reducir un 30% o un 40% el consumo energético de determinadas operaciones puede tener un enorme valor económico. También destaca la robotización: cobots, robots industriales, conducción autónoma y automatización del mundo físico. En los centros de datos, el análisis debe hacerse caso por caso. No es lo mismo uno muy apalancado, dependiente de un único cliente y con tecnología poco eficiente, que una infraestructura financiada con la generación de caja de grandes compañías y con demanda diversificada. No se trata solo de preguntar si hay una burbuja, sino quién es el propietario, cómo está financiado, qué tecnología utiliza y quiénes son sus clientes. También hay que distinguir el futuro del programador del futuro de la empresa de software. Una parte creciente de la escritura de código se automatizará, pero las empresas de software pueden desarrollar productos con menos programadores, más rápidamente y adaptados a cada cliente. Además, conservan conocimiento del cliente y pueden ofrecer mayor seguridad en sectores sensibles.
—¿Por qué un inversor no puede entender hoy la inteligencia artificial sin entender energía y geopolítica? ¿Cómo transformará la IA la gestión de inversiones?
—Porque forman parte de la misma cadena. La geopolítica condiciona recursos, tecnología y rutas comerciales; la energía determina hasta dónde podemos desplegar la IA; y la IA puede transformar la productividad y el crecimiento económico. La pregunta es quién tiene la energía, las redes, los chips y los centros de datos necesarios para hacerlo funcionar a escala. Para la gestión, la IA permite procesar más información, pero obliga a distinguir entre ruido y señal. Habrá que entender quién vende la infraestructura, quién la compra, quién genera caja y dónde está la productividad. Si dentro de diez años miramos atrás, probablemente veremos esta década como el momento en que IA, energía y geopolítica pasaron a formar parte de una misma transformación económica. La IA será una nueva infraestructura sobre la que construiremos una parte creciente de nuestra economía.