Los remiendos de la A-60 devuelven a Villamoros y Puente Villarente a 2018
Corte de la autovía por reparaciones

Cierre de unos de los accesos en Lancia.
La empresa de Valladolid que remueve la conciencia del asfalto y el firme de la A-60 tiene la bendición para cerrar tramos de la autovía a la circulación mientras remienda las quiebras más exageradas. Por eso, la N-601 en sus travesías más próximas a la capital leonesa recuperó esta semana estampas que parecían ancladas en el archivo histórico. Los camiones volvieron a saltar el puente del Porma, donde las reformas de finales de la pasada década dejaron un pasillo que apenas da espacio para desenvolver a dos furgonetas; y las hileras de vehículos llegaron por remesas a espacios que desde hace ocho años estaban reservados para la movilidad en concepto avanzado, con la doble línea central y el piano en mitad del asfalto. Todo muy cool.
Hasta que las urgencias de la autovía acabaron con la lírica del romanticismo que impregnó la zona en estos años ajenos al ruido y el tumulto en algunos tramos que llegaron a convertirse en espacios recurrentes para la siniestralidad en las carreteras de la provincia. Todo sea por los remiendos que han comenzado esta semana a trasladar a la vía de alta capacidad que conecta la ciudad leonesa con el nudo de Santas Martas el diseño de la N-120; ahora asfalto renovado, ahora no, en plan pegote después de que fresadoras y asfaltadoras levantaron el piso falso que hace rebotar a los vehículos con un destino incierto.
El viaje se aplica en sentido norte, con cierres sucesivos desde los accesos de la carretera de Cistierna, desde la salida Lancia-Villamoros y desde la esquina del Condado. Y la Nacional, como antes del corte de cinta de Ábalos.