Diario de León

A la calle con catorce hijos

Una familia debe abandonar antes del 1 de diciembre su casa en la plaza Puerta Castillo tras recibir la orden de desahucio del juzgado; no se irán si no reciben una compensación

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Asun G. Puente - león
León

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Desde hace algunos días la zozobra preside la vida de la familia de Antonio y Antonia y sus catorce hijos. A principios de la semana, agentes judiciales comunicaron a tan numeroso clan que debían desalojar la casa donde han vivido en los últimos quince años. Tienen de plazo hasta el 1 de diciembre para dejar su morada por la que religiosamente pagan al mes 60 euros de renta. La familia no tiene intención de irse de su hogar, situado en Puerta Castilla número dos, si antes los propietarios no negocian con ellos una indemnización que les permita alquilar otra casa en otro lugar de la ciudad. «Sólo nos iremos por la fuerza, si no logramos una compensación», advierte serio el cabeza de la prole. Antonio García Jiménez explica, rodeado de sus hijos pequeños y un par de los mayores, que hace un año los propietarios llevaron el caso a los tribunales sin avisarles previamente. Un día, él y su mujer, sin abogado, se vieron delante de un juez contando su caso, aunque sin demasiada suerte, tras recibir hace unos días el aviso de que tenían que irse de casa. Declarada en ruina Al abrigo de una estufa de carbón y leña, los niños se arremolinan a la hora de comer en un salón-comedor, mientras su padre asiste al paso incesante de noticias en los informativos de la televisión. La madre está enferma de gripe y no puede ayudar a su marido con las tareas de los pequeños que ayer no fueron a clase. Seis de ellos acuden con su padre en la furgoneta al colegio de San Isidoro, donde comen. Su casa, a la que se accede desde un estrecho pasillo apuntalado y un patio interior atestado de numerosos utensilios y cuerdas con ropa colgada, ya ha sido declarada en ruina por el Ayuntamiento de la capital. Los propietarios ahora quieren derribarla para construir un nuevo inmueble, en una zona considerablemente revalorizada con las recientes obras de peatonalización que han embellecido Puerta Castillo (Arco de la Cárcel). García Jiménez piensa, incluso, que su condición de gitanos ha impulsado a los propietarios a querer desahuciarles. «Creen que desacreditamos este lugar ahora que lo han arreglado», apunta el padre. No duda en asegurar que en este caso ha habido «racismo». Recuerda que cuando él y su mujer acudieron al juzgado les trataron «con desprecio, como a perros, casi no pudimos dar nuestras razones, ni nuestra opinión». En la casa, que definen como ajustada a sus necesidades, reside el matrimonio con doce de sus hijos, ya que los dos mayores están casados. Además, como otro miembro de la familia, aparece su perrita Lasy, que revoletea en el corral alrededor de sus pequeños dueños. Otro factor que ha incrementado la incertidumbre de la familia ahora se centra en la amenaza de corte de suministro eléctrico que recibieron ayer por la mañana por parte de personal de Iberdrola. Recibo en mano, Antonio logró parar el cese de la corriente argumentando que él pagaba las facturas y no entendía qué es lo que ocurría. Finalmente ese nuevo frente pudo cerrarse. Trabaja en el mundo de la chatarra, comprando y vendiendo estos materiales, con sus hijos mayores. «No corren buenos tiempos ahora para este negocio, así que tampoco estamos muy bien de dinero», destaca con resignación. Como ayuda, dice que sólo reciben cada medio año víveres del Banco de Alimentos, aunque nada de otros organismos a pesar de la numerosa prole. «Hemos solicitado al Ayuntamiento ayuda económica, pero no hemos recibido nunca nada». Sin ayudas públicas Tampoco piensan recurrir al Secretariado Gitano ni a las buenas influencias del Tío Caquicho, el patriarca de esta etnia en León. Parece que no confían en que puedan ayudarles en su problema. Los propietarios han ofrecido a la familia de Antonio y Antonia 1.082 euros (180.000 pesetas) por abandonar la casa. La otra vecina que vivía en el inmueble, sin embargo, recibió 18.000 euros. Está convencido Antonio de que los dueños del inmueble no se atreven a llegar a un acuerdo económico con él. «Necesitamos el dinero para buscar otra casa de alquiler, tengo que buscar un lugar para mi familia». Como creyente, recalca que «ahora todo está en manos de Dios, mis hijos, mi esposa, tiene que ayudarnos para que salgamos adelante». Insiste en sus derechos, mientras aprieta entre sus manos los recibos que acreditan que paga las facturas. Siempre han vivido de alquiler. Durante muchos años residieron cerca, en el entorno del antiguo hospital de Cruz roja y ahora confían en conseguir el dinero para arrendar otro hogar. Confían en un golpe de suerte final, de lo contrario no saben qué será de su vida en adelante. Ante la nueva dificultad, la familia hace piña, esperando acontecimientos. Hasta su perrita Lasy se muestra inquieta estos días, parece también conocer que su futuro es incierto. La familia de Antonio y Antonia no saben aún dónde pasarán la Navidad y el frío que ya llega a León.

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