Diario de León
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León

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La mirada cargada, la falta de equilibrio, la lengua de estropajo, la risa tonta y el olor a alcohol delatan al que se ha pasado bebiendo. Al ser un depresor del sistema nervioso central, adormece de forma progresiva el funcionamiento de los centros cerebrales. De la euforia inicial se pasa al bajón, que es cuando uno se siente cansado, enfermo... y mucho más deprimido que antes.

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