Una saga netamente leonesa
La fundación Sierra-Plambey, que fue creada en Villablino en el año 1886, fue auspiciada por Giner de los Ríos, Bartolomé Cossío y Gumersindo Azcárate entre otros

Vieja estampa de la plaza de Regla, en la que se puede apreciar el inmueble de los Sierra-Pambley
Sin ánimo de remontarnos en el árbol genealógico de la familia Sierra-Pambley -aunque tenemos documentación para poder hacerlo- partimos del abuelo de don Paco, fundador y primer Presidente de la emblemática Fundación «Sierra-Pambley», un recio lacianego que se llamaba Felipe Sierra-Pambley, político que desde la Secretaría de Hacienda, con Martínez de la Rosa, vivió los avatares y secuelas de la Guerra de la Independencia en los convulsos años del reinado del mal llamado Fernando VII «El Deseado». Por las implicaciones que tuvo la saga familiar y su circunstancia, en la que llegó a ser Fundación Sierra Pambley, nos detenemos en la generación anterior a la del fundador. Los hijos de Felipe Sierra-Pambley, don Segundo, y doña María, jugaron un importante papel en el legado que recibió nuestro protagonista, don Francisco González-Blanco Sierra-Pambley. Basta decir que su tío don Segundo, hermano de su madre, le dejó prácticamente su gran fortuna, ya que un desengaño amoroso, propiciado por su propia sobrina, Victorina Sierra-Pambley, hermana de don Paco, le hizo permanecer soltero de por vida, llevando una vida de auténtica austeridad, que repercutió en el engrandecimiento de su gran patrimonio excluyendo, a la hora de testar, a la mencionada sobrina. Por otra parte, el otro hermano del fundador, don Pedro Sierra-Pambley, murió soltero transfiriendo todos sus bienes al protagonista de nuestro comentario. De esta manera, la saneada fortuna de los Sierra-Pambley, incrementada notoriamente por un régimen de vida rayando en lo espartano, recae íntegramente en la persona de don Paco, hombre de estrictas costumbres, que pudo vivir en la opulencia, porque era sólidamente rico, pero prefirió vivir como un pobre, sin disfrutar siquiera de los bienes adquiridos o heredados. Su acusada misoginia le hizo permanecer en un riguroso celibato durante toda su vida. Típicamente leonés Pues bien, este personaje típicamente decimonónico, leonés por los cuatro costados, pero no cerrado por ello a las fronteras provinciales -murió en su madrileña casa de la calle Ferraz-, fue el alma de la que sería, y es, «Fundación Sierra-Pambley», integrada en el contexto e ideario de la Institución Libre de Enseñanza. Creada bajo los auspicios de personajes tan ilustre como Giner de los Ríos, Bartolomé Cossío, Gumersindo Azcárate... Se fraguó «en Villablino el invierno del año 1886, desde los escaños de la cocina de leña, en la propia casa de don Paco», según cuenta Bartolomé Cossío. Son muchas las cláusulas que contiene aquel primer esbozo fundacional parido al amor de un reconfortante fuego ambiental. Don Paco, inspirador del mismo, y Gumersindo Azcárate, redactor oficial de los Estatutos, incluyen una cláusula netamente leonesa que se mantiene con el tiempo: la de que si hubiera que modificar algún día su voluntad, el Patronato podrá hacerlo, siempre que el capital se destine a la Enseñanza y que se dedique o invierta en la provincia de León. Fundación Sierra-Pambley Por fin, después de los oportunos retoques, que garantizan una cuidada elaboración, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes se da por enterado que su homólogo, el Ministerio de Fomento, aprueba por Real Orden del 11 de enero de 1888, la Fundación Sierra-Pambley. Orden que publica la Gaceta, el día 3 de febrero del mismo año. Diecinueve años después, el 11 de mayo de 1907, don Paco otorga ampliación a la ya boyante Fundación «Sierra-Pambley». La creación de las escuelas de Hospital de Órbigo, Villameca, León y Moreruela de Tábara en Zamora, trae aparejada también la ampliación de dos nuevos Patronos: don Germán Flórez y su sobrino Juan Flórez Posada. Curiosamente, dentro de la ampliación leonesa se prevé en el último testamento de don Paco, la creación de una escuela de Agricultura, situada en el complejo conocido por «Monte de San Isidro», no lejos de Carbajal de la Legua, en el entorno que nuestros abuelos conocían como «Monte de la Media Legua», un lugar muy frecuentado como paseo de los días primaverales. La Fundación mantuvo la propiedad del Monte de San Isidro hasta que en 1946 fue vendido a la Diputación Provincial.