Diario de León

| Reportaje | Ropa para todos |

El guardarropa de la solidaridad

El ropero de Cáritas de León entregó el año pasado más de 60.000 prendas, muchas de ellas a los inmigrantes

Aspecto interior del ropero de Cáritas en la capital leonesa

Aspecto interior del ropero de Cáritas en la capital leonesa

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E. Fernández / Ical - león

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La responsable del ropero de Cáritas de León desde hace 23 años, sor María Martín Villoria no es una experta en moda aunque por sus manos pasen cada año miles de prendas que entregan ciudadanos de espíritu solidario que además de hacer el bien y atender una necesidad básica de muchas personas, descargan sus armarios de ropa que ya no utilizan y que ocupa un espacio del que siempre viene bien disponer. En el 2003, el ropero de Cáritas de León entregó 60.000 prendas, muchas de las cuales fueron a parar a manos del colectivo de inmigrantes. Pero no sólo son ellos quienes necesitan cubrir esta necesidad tan básica. Sor María explica que aunque no falta quien considera que ese servicio parece obsoleto «hay mucha gente en León que pasa necesidad». Añade que quienes cobran una pensión no contributiva de poco más de 40.000 pesetas también pagan luz y calefacción por lo que «algo tiene que haber para las personas que tienen muy poquito dinero y las mismas necesidades que todo el mundo». Asegura que no se aparta «de lograr otro sistema mucho mejor como tiendas con mucha ropa a bajo precio» pero recuerda que hoy por hoy no existe. Ropero, no basurero Mucha de la ropa que llega a las instalaciones de Cáritas no está en condiciones de ser entregada a nadie. Sor María reconoce que «la mitad no sirve y alguna da pena sólo el verla» y recuerda que «el ropero no es el contenedor de la basura». Y es que hay gente que quiere hacer una obra de caridad cuando contribuye a esa labor social y otra que sólo pretende quitarse la ropa de encima. Los fondos del ropero también se nutren de algunas tiendas que cierran, de lo acumulado desde hace tiempo en los almacenes y que ha quedado desfasado y de prendas con defectos que son retiradas de la venta, aunque el mayor volumen procede, con diferencia, de particulares que la entregan en la sede de este servicio en la calle Dámaso Merino de la capital leonesa. Allí desempeñan su labor altruista un grupo de 17 voluntarias que acuden, unas a diario y otras una vez a la semana en función de sus posibilidades, para atender a quien lo precise con el mismo entusiasmo y empeño que las únicas dos voluntarias que hace 23 años disponían de muchos menos medios y carecían incluso de estanterías donde colocar la ropa. Ahora, detalla Sor María, todo está limpio, colocado y ordenado. «Hemos ido avanzando para poder atender mejor a la gente», dice, y matiza que «hay quien piensa que el pobre, el que tiene necesidad, va allí y coge lo que le des y no es así porque si hay camisas de caballero con el cuello que no se lleva, no les das salida». Las prendas son seleccionadas, lavadas y clasificadas por secciones para poder ser entregadas en buenas condiciones a sus propietarios a los que se les hace una ficha con sus datos si piensan utilizar el servicio con frecuencia. Pueden acudir mensualmente y llevarse lo que necesiten. Las voluntarias han llegado a atender hasta una veintena de familias al día.

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