Diario de León

A por huevos entre excavadoras

Los comerciantes denuncian la pérdida de ventas por la desinformación sobre el cierre de la plaza de abastos; además parece que las obras no terminarán en Navidades

Al menos hasta septiembre, el mercado continuará abierto al público

Al menos hasta septiembre, el mercado continuará abierto al público

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Beatriz Fernández - león
León

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Mientras el resto de la ciudad ha pasado los últimos días pendiente de visitas políticas, alguien tenía que despertar con otras inquietudes en mente. Como leoneses, se interesaban por las promesas del Gobierno central, pero como vecinos y trabajadores en el mercado del Conde les preocupa más la realidad que les rodea. Una mañana cualquiera en esta plaza transcurre con menos compradores que de costumbre y obreros trabajando entre martillos y escombros. A pesar del ruido, los comerciantes asumen las molestias y tratan de continuar con sus ventas, mermadas por el desconocimiento de muchos clientes, que piensan que el mercado no abre. En el exterior, numerosos vendedores ofrecen sus productos pacientemente, con una mirada silenciosa y obvia que demuestra que los puerros no nacen envasados. Cuando se les pregunta por el mercado, enseguida se apresuran a desmentir que esté cerrado e invitan a pasar. Matilde Blanco, por ejemplo, acude a la plaza de abastos desde los 18 años -ahora cuenta 64- y todavía espera que la obra recupere el gentío que conoció décadas atrás. Coloca mejor los ajos que vende y reflexiona: «Antes no había supermercados, esto era lo que teníamos. Pero ahora si quieren una pescadería o carnicería lo encuentran más barato y no vienen, a pesar de la calidad que hay aquí. Yo creo que si mejoran esto, la gente volverá; todos los que se pasan por mi puesto dicen que 'por fin' han empezado las obras. No es molestia, es lo que hace falta». En el entorno comparten la misma opinión. El bar La Rinconada, situado justo enfrente del mercado, y la frutería ambulante que se encuentra junto al contenedor de escombros de la obra, defienden la necesidad de «recuperar» la plaza. Los clientes que se acercan también se muestran satisfechos, como si el ruido fuera irrelevante. «Las cosas deben llevar su ritmo -indica una compradora entre el estruendo de los martillos-No podemos pedir que lo terminen mañana. La vergüenza era ver cómo habían abandonado todo esto otros políticos». En palabras del portavoz de los vendedores, José Grande, «cuando se haga el cierre temporal -y se está barajando la posibilidad de cerrar en septiembre- será por los trabajos en el techo y el suelo, durante un mes. Pero el mercado seguirá abierto hasta que se confirme esta fecha». Según Grande, los afectados por la obra -cerca de 60 familias- habrían preferido dejar la cubierta como está ahora. Sin embargo, los expertos apuntaron que el amianto con el que está construido el tejado es cancerígeno cuando se manipula y debe ser sustituido por cinc y madera que sirva de aislante. Después de celebrar reuniones con el concejal de Comercio y Consumo, Ramón Carrera, y representantes de la empresa constructora, consideran que el proyecto en el mercado del Conde quizá no recoge aspectos importantes para ellos. Actualmente no contempla la instalación de aire acondicionado, aunque se podría incorporar a largo plazo: «El problema es que aquí en invierno hace mucho frío, y en verano hace mucho calor, por eso nos hubiera gustado que se instalara directamente», señala uno de los vendedores. Otro de los puntos donde tampoco están satisfechos es la iluminación «insuficiente» y el horario de realización de las obras: «Nosotros pensábamos que la reforma iba a desarrollarse sobre todo por la tarde, cuando no estamos, y es precisamente al revés». No obstante, los obreros aclaran que en su horario de mañana «sólo trabajamos en el sótano, para evitar discusiones»; un lugar donde finalmente se habilitarán los aseos, un compactador y el sistema de recogida neumática de basuras necesario para el mercado. Según fuentes cercanas a la constructora, es «improbable» que las obras finalicen en diciembre como se había asegurado: «Para ser sinceros, en realidad, siempre se tarda más tiempo del que se promete».

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