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El Cainejo Street está en León
El Ayuntamiento de León bautiza veintidós nuevas calles, asentadas en el Área 17 y la Presa Cerrajera, después de analizar las diferentes propuestas populares
Cada vez que a la ciudad le da por expandirse y crear extremidades más allá de lo que en un orígen fue el recinto de la Legio VII Gemina -queda un trozo de muralla para atestiguarlo- los responsables del ayuntamiento de la capital reciben en el buzón de sugerencias los nombres de varios insignes personajes que se postulan para decorar el callejero. Si a Ordoño II le correspondió el honor de crear la identidad de León -amén de García I- justo es que la calle que vertebra gran parte del recorrido de la urbe se recuerde con su nombre. A partir de ahí, el resto son por orden de llegada, aunque algunas todavía desembarcan ahora. La Concejalía de Régimen Interior, filtro por el que deben pasar cada una de las propuestas, dio de alto veintidós nuevas calles para que los taxistas sumen a su mapa de trabajo y cada uno de los leoneses y visitantes a su imaginario popular. En el área 17, zona crecida a la margen izquierda del Bernesga, se han sumado: Avenida País Leonés, Cronista Luis Pastrana, El Cainejo -a propuesta de la Federación Castellano y Leonesa de Montañismo-, Profesor Fernando de Castro -propuesta del departamento de Historia de la Universidad de León-, Justiniano Rodríguez, Doctor Fernández Picón, Jesús Alfredo Negro López, José García Borja, «Tío Caquichu», Pablo de Azcárate y Flórez, Anselmo Carretero, Pintor Vela Zanetti, Club Balonmano Ademar, María Miñambres y Fray Gerundio de Campazas. El resto aportan foto a la zona de la Presa Cerrajera, que a propuesta de la Federación de Asociaciones de Vecinos Rey Ordoño se denominarán con nombres de comarcas leonesas: Los Argüellos, Valle de Fenar, Valle de Fornela, Valle del Silencio, Riello, Pedrosa del Rey, Lagüelles y Lois. Es cosa complicada la tarea de bautizar a los viales con nombres, por su razón de pervivencia. Uno puede vivir toda su vida en la calle Alcalde Miguel Castaño y no pasar de saber que vivió; o en Vegamián y desconocer los pueblos que anegó el agua del Panto del Porma para que corriera valle abajo en busca de los regadíos de zonas más secas. Cada uno de los dictamenes de los responsables municipales se encaminan a que los habitantes recuerden; que cada vez que estén de paseo, cuando queden para tomar un café, se citen bajo el amparo de una calle que en otro tiempo fue nombre o hecho o fecha o río... Cada vez, en las ciudades modernas, producto de la rutina del trabajo y la prisa, la gente tiene menos costumbre de mirar hacia arriba y encontrar letreros. Un día, quizá no muy lejos, a alguien se le ocurra que los americanos también tiene razón en su empeño de bautizar los viales con criterio pragmático y, más allá de lo que el Torío y el Bernesga recuerdan que es la capital leonesa, alguien quede para cenar en el cruce de la 58 con la Séptima Avenida. «Don't be late». Sin embargo, por el momento rige la ley de que a cada uno se le llama por su nombre y a las calles por el de todos, que para algo son de uso y propiedad común. En Caín, donde a la garganta del Cares se le estrangula la lengua, ya hace tiempo que levantaron un monumento para homenajear a Gregorio Pérez Demaría El Cainejo , que se le ocurrió subir hace cien años al Naranjo de Bulnes; y todavía hay algunos que se niegan a reconer que el País Leonés fue una realidad antes de Doña Berenguela, incluso después, pero no ahora. «Quedamos en El Cainejo Street. Y no tardes, que me marcho». Manda la ley biológica que todo pase, y las calles, al fin y al cabo, están para pasar. Pero no para que se olviden.