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Diversos como el arco iris, con o sin pluma
La diversidad de la homosexualidad y el uso del lenguaje como instrumento para incluir o excluir cierran «Visionándonos»
Locas, machos, blandos o normales , a bocajarro o en términos políticamente correctos, la diversidad es el denominador común del colectivo de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales, aunque esta diversidad del arco no siempre es aceptada incluso desde dentro. Con el debate se puso ayer punto final al curso Visionándonos, diversidad y/o diferencia organizado por la Universidad de León y la concejalía de la Mujer. Se habló de lenguaje y se sacaron del cuarto trasero los estereotipos que también hay detrás de las nuevas identidades sexuales. «Hay tantos tipos de gais, lesbianas, bisexuales y transexuales como personas glbt », afirmó Alejandró Pérez del Campo, del colectivo de gais y lesbianas de León (Cogale). La incorporación de la diversidad a la Constitución europea lo mismo que a las leyes españoles -agregó- son pasos legales de transcendencia que harán que en poco tiempo «la diversidad sea respetada de verdad». Bajo el título de con la pluma y por la pluma se puso de manifiesto no sólo el doble sentido que se le puede dar al lenguaje, para ser utilizado para incluir o para excluir, sino también la falta de aceptación de la diversidad dentro del propio colectivo de gais, lesbianas y transexuales. El uso peyorativo y marginalizador de las palabras cuando a un niño se le tilda de «mariquita» por no responder al rol de «macho» que se espera de los niños varones o cuando a una niña se la tilda de macho por no hacer lo que se espera de una mujer el lenguaje se convierte en agresor. Así, a los homosexuales se les ha tildado de maricas, viciosos, tortilleras, invertidos o desviados bajo el dominio del pensamiento heterosexual, porque «quien lanza el ultraje hace saber que tiene poder sobre la persona ultrajada», afirmó la procuradora socialista Inmaculada Larrauri. «Mientras nuestra habla cotidiana siga haciendo invisibles, ignorando, excluyendo, insultando o injuriando a importantes grupos, sectores o colectivos de personas no conseguiremos conformar una sociedad igualitaria», recalcó. El génerico predominio de lo masculino como macho y ser dominante ha significado -subrayó la procuradora- la determinación de la lengua por esos parámetros. En este sentido, animó a hacer un uso del lenguaje que «nos represente a todos y a todas, que nombre nuestras experiencias para que sea un lenguaje sensato, que no oculte, que no subordine, que no infravalore, que no excluya y no quite la palabra a nadie» para lograr que la sociedad se refleje en el espejo de sus principios teóricos: la democracia, la igualdad, la solidaridad y la justicia. La directora del curso, Marta Sofía López, señaló como balance final que «hacemos autocrítica por la baja matrícula, no sabemos si porque la tasa era cara o porque los estudiantes se desalentaron al estar fuera del campus», pero «ha venido mucha gente y, desde luego, los ponentes y las mesas redondas han sido de una categoría excepcional». Además, añadió, el curso «ha visibilizado en la sociedad unas realidades» que están en la agenda política por la revindicación de los colectivos glbt.