La confirmación y el bautismo: dos sacramentos llenos de pasado
Así como la materia del Bautismo (el agua) significa su efecto propio (lavado), la materia de la Confirmación (el aceite) , usado desde la antigüedad para fortalecer los músculos de los gladiadores, es símbolo de fuerza y plenitud. El confirmado podrá con el sacramento cumplir con valentía su misión apostólica. El bálsamo que perfuma el aceite y lo libra de la corrupción, denota el buen olor de la virtud y la preservación de los vicios. El vínculo inseparable que existe entre la Pascua de Jesucristo y la efusión pentecostal del Espíritu Santo se expresa en la íntima relación que une los sacramentos del bautismo y la confirmación. Asimismo, el hecho de que en los primeros siglos la confirmación constituía en general «una única celebración con el bautismo, formando con éste, según la expresión de san Cipriano, un sacramento doble» (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1290), manifiesta ese estrecho vínculo. Esta práctica se ha conservado hasta hoy en Oriente, mientras que en Occidente, por múltiples causas, se ha consolidado la celebración sucesiva, y también normalmente distanciada, de los dos sacramentos.