La historia de la desaparición y sus personajes
Quince días después de la presentación oficial de que la Policía Judicial de la Guardia Civil presentara la denuncia por el posible delito contra el Patrimonio Artístico, el resumen del desarrollo de los hechos y los personajes, puede aclarar parte del panorama. El anticuario . Fue interrogado como presunto autor de la puesta a la venta en internet de la esfera del penúltimo reloj que lucía la Catedral de León por la cara sur. Alega que tenía permiso del administrador del Cabildo de la Catedral para llevarse la pieza «porque me dijeron que les estorbaba y que en vez de cobrarles por trasladarlo, que nos quedáramos con él». Lo vendía por 15.000 euros, pero no había registrado en sus libros de asiento que lo hubiera recibido. La Junta. Se negó a quedarse con el reloj en depósito cuando se lo entregó la Guardia Civil, tras decomisárselo al anticuario, por entender que debía ser devuelto al Cabildo. Trasladó toda la documentación al Fiscal al día siguiente de recibir la denuncia, a la espera de que se determinen las responsabilidades. El Cabildo. Se exime de toda culpabilidad porque desde 1.992 no sabía nada del paradero de la pieza, que dejó en manos de la Escuela Taller de San Isidoro, para que realizaran una copia de la esfera (la que ahora está colgada en la fachada principal). Niega que haya concedido ningún permiso al anticuario para disponer del objeto, y mucho menos que estuviera de acuerdo con su venta. Francisco Azconegui. Era el director de la Escuela Taller de San Isidoro en la etapa en la que sucedieron los hechos. Este periódico contactó con él en la mañana del martes pasado para pulsar su opinión. Solicitó retrasar la conversación para una hora y media más tarde, pero ya no contestó ninguna de las llamadas que se le hicieron entonces, ni durante el resto de la tarde. Ayer tampoco fue posible contactar con él. La Policía Judicial. Recibió inicialmente ataques del Cabildo de la Catedral, que no entendía la forma de proceder en la investigación, para llevarse luego el espaldarazo absoluto de la administración territorial, que calificó de «impecable» la labor desarrollada por el equipo que se encargó de seguir los hechos. Su labor ha resultado básica para el esclarecimiento de los hechos.