| Análisis | Contra el paso del tiempo |
Una vía aferrada al terreno
Cuando el norte de la provincia descubrió la riqueza que escondía su suelo, tuvo que buscar también una vía para trasladar el carbón hasta las empresas siderúrgicas que reclamaban la fuente de energía. En el caso de León fueron fundamentalmente las compañías vascas, y después de no pocos esfuerzos un lento trazado de raíles con un metro de ancho fue acercando no sólo el carbón leonés y palentino a aquellos altos hornos, sino la esperanza de un futuro mejor a no pocos emigrantes leoneses que siguieron la ruta del carbón en busca del progreso que les negaba el atrasado panorama rural. En el Hullero viajaron tantas ilusiones como toneladas de carbón a lo largo de un siglo. Trenes económicos como este se prodigaron por toda la cornisa cantábrica, donde la complicada orografía y la escasa rentabilidad invitaron a los inversores a construir infraestructuras que dieran servicio a la población y las empresas del norte, pero con modestos presupuestos. Hoy la red que controla Feve tiene alrededor de 1.200 kilómetros, con una labor esencial de transporte de viajeros a través de servicios de cercanías, además del transporte de mercancías. Trenes y líneas se han modernizado, y siguen prestando un servicio de vertebración fundamental para el norte del país (también para una línea en Murcia). Además, la vía estrecha del norte sirve de excepcional marco por el que discurre el caminar del primer tren turístico español, el Transcantábrico, una lujosa experiencia a bordo de la vía económica.