| Obituario | Raimundo Torío Lorenzana | 24-5-1952 / 29-8- 2005 |
El árbitro de Luna
Fue pertinaz hasta la obsesión: resolvía los conflictos laborales agotando a los interlocutores y después se iba con la discreción y el sigilo de quien ha nacido en un pueblo fant
Siempre en mesas de negociación. La conciliación, su trabajo; la solución, su legado
Le pusieron al mando de las negociaciones de la reconversión minera iniciada en las cuencas de León y Palencia a mediados de los años 90, y la sacó adelante. Si había un conflicto laboral complejo, como el de Antibióticos o el de Enervisa, él era el único interlocutor con garantía de éxito. Antes de ser viceconsejero de Empleo y después de presidir el Consejo Económico y Social de Castilla y León, le encargaron la revisión de los sistemas eléctricos de los colegios de León. Se pateó uno por uno y logró rebajar la factura eléctrica en la mayor parte de los centros. Vaya, que era de ese tipo de gente que agarra con obstinación los problemas por los pelos y no los suelta hasta que los soluciona. «Él puso en marcha el cambio de las oficinas del Inem; hizo florecer el Servicio Público de Empleo. La sede del Ecyl se quedó hoy paralizada, no sabíamos cómo reaccionar», comenta una funcionaria. Raimundo Manuel Torío Lorenzana procede de una familia mitad babiana, mitad omañesa, aunque él nació hace 53 años en San Pedro de Luna, pueblo que hoy yace bajo las aguas del pantano. Siempre lo sintió como tierra propia, a pesar de haber pasado casi toda su vida en León. Su apellido, muy conocido en la zona por coincidir con el nombre de la empresa familiar de transportes, alcanzó notoriemediática un 21 de julio de 1995, cuando apareció en los nombramientos de nuevos altos cargos de la Junta. El mismo día que se le asignaba la sustitución de Jaime Cifuentes como director general de Minas, el excentrista Luis Aznar era declarado delegado territorial de León y Javier García Prieto, secretario general de Educación y Cultura. En aquel momento, Zapatero, con quien mantenía lejanos lazos de parentesco, aún era secretario provincial del PSOE leonés. Su familia y «Yaco» Torío sentía admiración por su mujer, Ana María, por sus hijas Laura y Elena y por su hijo, Alberto. «Yaco», su cocker, ya era también parte de la familia. Le gustaba andar en bicicleta y leer libros históricos, tal y como admitía en una entrevista publicada por este periódico hace diez años, y en la que por otro lado dejaba claro su talante: «Las razones sociales del carbón están por encima de cualquier justificación económica». Quienes le conocían hablan de un hombre discreto, trabajador, buena persona, de un carácter inalterable, pertinaz y que «conciliaba a rivales, aunque fuera por agotamiento», recuerda el ex subdelegado del Gobierno Víctor Núñez, con quien coincidió en el gabinete de Juan José Lucas. «Era un buen padre», dice entre lágrimas su hija Laura, de 25 años.