| Crónica | La moviliación minera en un pozo de Torre del Bierzo |
«Es duro, pero no podemos claudicar»
Jaime Mayo, uno de los seis mineros encerrados, relató a este diario que la primera noche la pasaron caminando por la galería y hoy esperan del ministro un buen Plan del Carbón

La voz firme, rotunda como un martillo y con pleno convencimiento de lo que dice. Jaime Mayo Vega (37 años, casado y de Las Ventas de Albares) habla desde el pozo con este diario por el telefonillo de la mina, enterrado en una galería de Malaba a 300 metros de profundidad, en Torre del Bierzo. Allí permanece sin ver el sol y respirar aire puro desde primera hora de la mañana del sábado, donde mantiene un encierro de protesta junto con otros cinco compañeros en lucha por un Plan del Carbón digno. Pese a la abrumadora humedad que hay en el interior de la explotación, Jaime Mayo trata de transmitir optimismo. Dice que están bien y que no se pueden quejar, porque los de fuera les tratan bien, les dan de comer y les cuidan con mimo. Pero la realidad le obliga a decir lo que piensa: «Estar aquí abajo es duro, pero no podemos claudicar; no podemos permitir perder lo que tenemos; y no sólo pedimos por los mineros, sino por el futuro que espera a estas cuencas; nos jugamos mucho y hay quien parece no darse cuenta de ello». Por eso, en esta línea de pensamiento, el portavoz de los encerrados abundaba en que ellos no saldrán al exterior hasta que el Plan del Carbón responda a las expectativas de un sector al que, de nuevo, se pretende castigar con recortes. «Vamos a estar aquí hasta el final y sabemos que la salud nos va a costar con un plan bueno o malo, pero es lo que nos queda». La conversación con Jaime Mayo va avanzando y cada vez se sincera más: «No estamos aquí abajo para sufrir, pero sólo saldremos con un buen Plan del Carbón porque es el futuro de todos». Y acto seguido el minero remata inyectando una nueva dosis de fortaleza para los de fuera de la mina: «Diles que estén fuertes, ningún paso atrás, que aquí abajo estamos fuertes». Sobre la reunión de hoy de los sindicatos con el ministro de Industria, desde las profundidades de la mina se albergaban esperanzas: «Pienso que con un cargo tan importante es lógico esperar una solución». Jaime Mayo cuenta que la primera noche en el pozo la han pasado turnándose para no parar de andar por la galería. La humedad intenta atacarles como cuchillos afilados por todos los costados y se han impuesto mantenerse activos: «Pasamos la noche caminando por los 400 metros de galería; aquí hay para perderse; hemos pedido más ropa, pero no podemos estar quietos mucho rato». El mismo minero, que ya sabe lo que es un encierro por que hace ocho años estuvo en otro similar, cuenta que intentan combatir las horas de tedio hablando mucho entre ellos. Es el método de terapia psicológica para permanecer mentalmente activos. «No podemos encerrarnos en nosotros mismos; sabemos que estamos luchando por algo justo», decía por el telefonillo Mayo. Antes de cerrar la comunicación, el minero quiso dar las gracias al director de este diario. «Quiero que le digas a Fernando Aller que lo que dice en su artículo del domingo es justo lo que pensamos los mineros; no es eso de los 42 años para casa, son otras cosas; es el futuro de todos los de aquí; escríbelo». La conversación termina recordando a su esposa y este mal trago. Visión de las mujeres Precisamente, en el exterior, en la explanada del pozo Malaba de la empresa Viloria Hermanos están esa tarde de domingo tres esposas de otros tanto encerrados. Isabel es la señora de Jesús Titos (37 años). Su postura es clara: «Lo llevo muy mal; no teníamos que llegar a estos extremos y creo que los mineros encerrados están haciendo lo correcto y todos tenemos que apoyarles». Como el resto, Liliana, esposa de Manuel Riveiro, dice con sus dos hijos delante, que duermen mal y que tienen el corazón «roto». «Tienes que hacerte fuerte y sólo queremos que ellos no se preocupen». Susi, otra las mujeres de otro encerrado va más allá y arremete por la vía reivindicativa al Gobierno de Zapatero: «¡Que se preocupen menos de Cataluña y hagan más por la minería; y que cumplan lo que prometieron en Rodiezmo; es una vergüenza llegar a esto».