Diario de León

El menor de edad condenado por el mismo asesinato se declara inocente

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El otro joven imputado, menor de edad en el momento de los hechos y condenado a cumplir una medida de internamiento por dos años en un centro especial, testificó ayer a petición de una de las partes del caso y se declaró inocente de las acusaciones que sobre él pesaban, además de negar la mayor parte de los supuestos que se han escuchado estos días en la sala de vistas: «Yo nunca le conté como había sido el crimen, porque no lo cometí, y si él mismo, en su momento, se declaró culpable, será por algo, pero yo no sé nada de esta historia». Negó haber recibido una llamada de un amigo suyo en la que le alertaba de que la Policía estaba siguiendo su pista en relación con el caso (el instructor policial declaró el lunes que esta conversación fue grabada y que la línea estaba «pinchada»). Dijo que no participó en el crimen : «La policía me presionó para que confesara aunque era mentira, porque eso me abriría muchas puertas después». Rechazó haberse puesto de acuerdo con Daniel para no decir nada de lo supuestamente ocurrido, al revés de lo que defiende el fiscal y tampoco recordó haber acudido al bar en el que comenzaron los hechos en compañía de la víctima, o haber bebido calimocho en el parque de La Granja, como también entiende la acusación. También descartó una supuesta conducta de nerviosismo cuando en el mes de noviembre del 2003, y según el ministerio fiscal, la policía acudió a interrogarle sobre un presunto problema de drogas: «Para nada pensé que vinieran a relacionarme con el asesinato». Navajas normales Reconoció que portaba a menudo navaja «pero eran normales, ninguna tenía curvas ni formas raras», en versión opuesta a la que veinticuatro horas antes había defendido el procesado. También se manifestó ajeno a cualquier tipo de problema con el joven al que se juzga estos días a raiz de que se hubiera dado la posibilidad de que lo inculpara en los hechos y solamente reconoció al principio de su testimonio mantener una relación de cierta amistad con él. El propietario del bar donde supuestamente se encontraron el imputado, el menor de edad y la víctima apeló a la distancia en el tiempo para excusarse por no recordar si el día de autos, los sospechosos y el fallecido acudieron al establecimiento: «Por allí pasaba mucha gente con ese aspecto, porque estábamos al lado del Hogar del Transeunte. Y ahora, cinco años después de aquello, no me acuerdo, de verdad». Reconoció que el calimocho se podía vender «en otros muchos bares de la ciudad, no solamente en el mío». El atestado policial considera que, para la detención del mayor de los acusados, resultó relevante el hecho de que, en una escucha telefónica, se oyera al sospechoso relatar a su madre haber estado consumiendo esta bebida. La defensa considera que este dato no tiene ninguna trascendencia para adoptar tal decisión.

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