Diario de León

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Para chuparse los dedos

Fernando Oliver, cocinero del centro infantil de San Andrés, tiene 30 años y convierte la hora de comer para 80 niños en una delicia

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Nuria González - san andrés
León

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Pescado y fruta. Estos son dos de los alimentos que más les gustan a los más pequeños, para sorpresa de los padres. Al menos así es, elaborados por el jefe de cocina del centro infantil Hermana Carmen Gómez de San Andrés del Rabanedo, Fernando Oliver Martínez, un joven de 30 años pero con mucha experiencia detrás de los fogones. Afirma que, desde muy pequeño, la cocina era uno de sus lugares preferidos de la casa y, por eso, sus pinitos los realizó con su madre. Se decantó por estudiar esta especialidad y logró el título de técnico superior en la escuela de San Cayetano de León. Además tiene la especialidad en Nutrición y Dietética, lo que garantiza la elaboración de un menú equilibrado para cada día. Durante ocho años trabajó en la cocina del Hospital de León y desde hace cuatro meses hace lo mismo pero para unos comensales muy especiales, 84 niños de 0 a 3 años. Asegura que «es muy diferente cocinar para unos y para otros, ya que en el hospital cocina sin sal y muchas comidas son de régimen». Allí cocinaba para 600 enfermos, otra de las grandes diferencias. Vecino de San Andrés se considera afortunado por haber logrado este trabajo. Un jurado formado por niños eligió su menú como el más rico. Incluso repiten Atraído por la cocina tradicional, es el encargado de diseñar el menú mensual para los niños que comen en la guardería y que está formado por 40 platos distintos. Puré de verduras, lentejas, pasta o sopa no faltan en la dieta diaria porque sabe que «de la alimentación de hoy depende evitar problemas mañana». Carne, pescado, frutas y yogures completan este amplio abanico gastronómico. No faltan tampoco los purés, consciente de que son una fuente de vitaminas muy importante para los pequeños. Unos menús, que han recibido el visto bueno de los pediatras, y que diseña teniendo en cuenta sus gustos, aunque sólo en parte, porque sino «comerían patatas fritas todos los días», aunque la base es que «coman de todo y equilibrado». Para sorpresa de los padres, dice, que comen muy bien el pescado, algo que no ocurre con la verdura, «muchas veces por la textura que tiene». La macedonia o la compota hacen las delicias de los niños, que además, también repiten. Además es consciente de que es, desde pequeños, cuando tienen que aprender a diferenciar los sabores para acostumbrarse a comer de todo. Le gusta mucho su trabajo, en parte, porque le dejan hacer. A este joven cocinero le gusta no sólo hacer de comer sino dar de comer a los niños. «Me llevo muy bien con ellos y ellos conmigo; llegar y estar un rato dando de comer a un niño me satisface», recalca. Una labor que requiere tiempo y paciencia. «Es más fácil darles lo que les gusta que estar un rato con ellos para que coman; no hay que olvidar que vivimos en una sociedad un poco estresada», dice. Cuando comenzamos esta charla lo hacíamos después de degustar el mismo menú que, minutos antes, habían comido los más pequeños. De primero, menestra de verduras; y de segundo, hamburguesas con tomate y ensalada. No nos olvidamos de una pequeña sorpresa, unas deliciosas torrijas. Cocina tradicional pero deliciosa.

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