Sólo el embalse de Riaño supera la mitad de su cabida y ofrece ahora garantías de aguantar la campaña
El pantano del Porma, que aún no llega a la situación de holgura que tenía el año pasado en vísperas del último mes invernal - y antes de las nevadas que enjugaron las necesidades de uso de los embalses leoneses-, suele ganar reservas cada año con el deshielo de las últimas nieves. Este beneficio no acompaña habitualmente a la entrada de agua al pantano del Luna, que permanece ahora al 25% de su capacidad y sin precedentes conocidos de milagro entre esta época del año y el inicio de la campaña de riego que, por ejemplo, sólo en la comunidad de regantes del Páramo Alto, afecta a fincas de cinco mil propietarios. Los valles del Luna aportaban el pasado lunes 4,5 metros cúbicos por segundo al embalse que tiene en jaque a los agricultores de los valles y páramos de la zona central de la provincia leonesa. Entrada media similar a la que se registraba en la presa del Porma, aunque la mitad en todo caso de la situación de privilegio que acompaña a Riaño en este aspecto: el embalse del Esla recibe 8 metros cúbicos por segundo. Por eso, quizá, se comprende mejor su estabilidad de reservas de agua en torno al 58% de su capacidad (373 hectómetros cúbicos sobre los 651 posibles). Un dato que augura un verano tranquilo para los regantes del sinfín de comunidades -y provincias- que esperan agua de este embalse leonés. La presa del Porma se acercó esta semana al 50% de su capacidad total, pese a que el efecto visual delata niveles reducidos. La paradoja que más desanima a los regantes parameses o del Órbigo a la hora de planificar los cultivos de temporada es que el nivel del pantano del Luna no permitiría hoy realizar una suelta de agua para riego.