Las peripecias de una lata de refresco

Centro: San Ignaio (Ponferrada)
Un verano, un grupo de amigos decidieron salir de la ciudad y pasar un día en el campo. Habían traído latas de refresco, servilletas y platos de plástico... Algunos, después de comer se pusieron a recoger los papeles y latas que había por allí... Otros dijeron que ellos eso de recoger papeles y latas no les importaba; que lo hiciera el que lo había tirado. Cuando se marchaban, después de estar un día en el campo. Uno de ellos dejó tirada una lata de refresco que había llevado. Esta lata rodó y se paró en los matorrales junto al río. La lata se sentía muy sola, porque sabía que pronto iba a llegar el otoño. Llegó y las hojas se caían. Ella seguía muy triste, hasta que una hoja le preguntó qué le había pasado. Le dijo que estaba muy triste, porque la habían arrojado al suelo y ya no serviría de utilidad. «Bueno ahora ya somos dos. Entonces nos tenemos que ayudar mutuamente hasta que pase el otoño». Dijo la hoja. Pasó el otoño y llegó el invierno con la nieve y el frío. Ella se volvió a sentir sola, su amiga, la hoja, ya no estaba. Llegó marzo y entró la primavera. Se hizo amiga de las flores, de las hierbas y de los árboles... Pasó el tiempo y llegó el verano. Una alegre familia se disponía a pasar un hermoso día en aquel paraje. Cuando se preparaban para recoger y regresar a su casa descubrieron aquella lata de refresco liada entre los matorrales. No dudaron en alcanzarla y llevarla a la ciudad. Todos regresaban contentos. La familia porque había pasado una jornada de convivencia y nuestra protagonista porque sabía que volvería a ser útil. Sería reciclada y reutilizada.