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De alto interés para el leonesismo
El debate sobre la reforma del Estatuto atrajo mayoritariamente al Club de Prensa a un público de orientación regionalista que increpó las intervenciones que no compartía
Al igual que cabe esperar que un debate sobre expectativas de la Bolsa atraiga mayoritariamente a un público formado por inversores, resultaba previsible que unas jornadas sobre la próxima reforma del Estatuto de autonomía y las expectativas de León ante ese proceso resultarían especialmente atractivas para un auditorio entregado a las tesis leonesistas. Y así fue mayoritariamente, pero muchos de los asistentes debieron confundir un foro de diálogo y confrontación de ideas con una sesión de reafirmación, en las que las intervenciones comenzaran por algo así como: «Hola, me llamo Andrés y prefiero a León solo», para responder a coro: «¡Te queremos Andrés!» La diferencia entre un foro interesado por el tema, incluso apasionado, y un público previamente convencido y beligerante, radica en que nadie concebiría en una charla sobre Bolsa que cuando un analista de Price Waterhouse Coopers, por ejemplo, advierte que a su juicio la inversión debe dirigirse a la renta variable por la contención de los tipos de interés, alguien desde el público le interrumpiera diciendo: «¡Eso es mentira! ¡Son mejores los bonos a largo plazo!». Pues algo así ocurrió ayer en distintas ocasiones. Y comenzó desde el principio, cuando Eduardo Fernández, del PP, empezó diciendo que «hay gente que en León se ha quedado anclada en las glorias del pasado» y cosechó un sonoro abucheo. O cuando Antonio Losa, del PSOE, sostenía que el retraso de León era fruto de sus gestores, y no de su pertenencia a esta comunidad, y que había ejemplos próximos, como el de Asturias, que atravesaba una crisis socioeconómica más grave incluso que la leonesa pese a ser una autonomía uniprovincial, argumento que fue interrumpido, como muchos otros, por algunas voces del público, no todas ni mucho menos, pero que por su heterodoxo sentido de la educación destacaban del resto. «Uno imagina el auditorio con el que se va a encontrar; yo no esperaba que me recibieran con vivas a Castilla y León, pero déjenme explicarme, por favor», pedía con una sonrisa Eduardo Fernández, mientras que Antonio Losa optaba por ejercitar la paciencia y esperar a que pasara la tormenta para retomar su discurso. Las intervenciones más aplaudidas fueron por supuesto las de Joaquín Otero, tales como: «La Junta de Castilla y León tiene dos propósitos claros: el primero, eliminar la identidad leonesa, y el sengundo ampliar el centralismo», o «El 47% de los altos cargos de la Junta son de Valladolid, y ya se sabe lo que dice el refrán del que parte y reparte». El responsable leonesista intentó en algunos momentos restar tensiones hacia sus compañeros de debate alabando su talante o su amor por León, pero jugaba en casa y lo aprovechó.