Diario de León

El acusado insiste en su inocencia: «Yo nunca me quedé con dinero»

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El jefe de administración del Hospital de Santa Isabel entre los años 1993 y 1998, cuando supuestamente ocurrieron los hechos, declaró que siempre actuaba de acuerdo a las directrices que recibía del director del centro o de otros superiores administrativos. Negó que se produjera distracción alguna de las cantidades que se le imputan: «Yo registraba las cantidades en una hoja, y siempre cuadraban con las cifras de la caja». Significó que nunca se había quedado con dinero alguno procedente de los residentes y se enfrentó al fiscal cuando le recordó un supuesto caso en el mes de agosto de 1998, cuando recibió dinero para un paciente y no lo ingresó en su cuenta: «Si lo recibí, lo deposité en su cuenta, desde luego, yo nunca me quedé con nada». Con fuerte depresión En su declaración inicial ante el juzgado que instruyó el caso, en el año 1998, declaró que tomaba dinero de los internos que tenían una cuenta bancaria más alta «para hacer frente a las deudas que tenía por aquel entonces la institución», y que a los ancianos menos agraciados económicamente «se les retiraba cantidades inferiores para igualarlos a todos». En su declaración de ayer, rechazó esta versión: «Dije esas cosas porque estaba bajo los efectos de una depresión muy fuerte y me habían tenido incomunicado, cosa que no se tuvo en cuenta. No es cierta ninguna de las dos cosas». 1.700.000 pesetas en casa Declaró que la aparición de 1.700.000 pesetas en su casa no tenía nada que ver con este asunto: «Mi mujer había pedido un crédito de 4.000.000 de pesetas para un gasto en una inmobiliaria». También calificó de falso que hubiera cancelado la cuenta de un paciente y que en la nueva libreta abierta faltasen 165.000 pesetas de saldo y reiteró con especial interés que no había tenido nunca problemas de juego: «Echo la partida con los amigos, como mucho, pero nada más». Reconoció que, cuando la entidad bancaria le entregaba las cantidades que recogía en nombre de los pacientes del hospital, nunca tuvo la precaución de controlar que fuese correcta: «Me fiaba de ellos, no hacía falta más». Tras 35 minutos de interrogatorio, insistió en que durante el tiempo en el que permaneció en su cargo, nunca se recibieron quejas en la institución «y eso que se hicieron cerca de 5.000 movimientos anuales» recalcó el letrado de la defensa. «Nunca me habían reclamado en el Hospital ni en el juzgado».

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