Diario de León
Luis Guillermo López Linaza, en una imagen de archivo

Luis Guillermo López Linaza, en una imagen de archivo

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Fernando Crespo - león
León

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Linaza, Luis Guillermo López Linaza, nació en esta ciudad de León hace sesenta y un años exactamente. Muchos son los leoneses que le conocen y muchos son, también, los que han participado de su predisposición a ser un hombre de bien. Linaza, se forjó en los ambientes juveniles de la OJE, fue miembro destacado y básico en la organización, no sólo en León, sino que también lo fue desde el nivel nacional. Linaza mostró en esta organización, su carácter dinámico, emprendedor, voluntarioso y perseverante. Siempre fue decidido cumplidor de sus responsabilidades y generoso en el esfuerzo físico, haciendo los trabajos más duros, abusando de su fortaleza física y de su enorme corpulencia, que siempre ponía al servicio de todos, en especial para los más débiles y los niños que participaban en los campamentos que organizó durante muchos años. Linaza tenía una gran habilidad para las manualidades, que practicó habitualmente en los campamentos y le permitió, transcurrido el tiempo, ser profesor en el Colegio Leonés, donde enseñó esta especialidad y dibujo, donde tuvo oportunidad de demostrar, no solo sus habilidades en estas materias, sino, también, su predisposición para ayudar a los demás, tal como aprendió en su casa, de fuerte educación cristiana católica, que la practicó hasta el fin de su vida. También le sirvió esta actividad, y cuando era adolescente, para ser el proveedor de los reyes a sus hermanos pequeños. A Linaza, toda esa actividad le permitió que, en circunstancias realmente dolorosas para su madre y hermanos que tuvieron que abandonar León, uno hacia Burgos, con la madre por motivos de trabajo y otros a diversas ciudades, a los 18 años y, estando cumpliendo el servicio militar voluntario (como siempre su voluntariedad) se tuviera que hacer cargo de la vivienda familiar y de su padre enfermo ingresado en una residencia. Sólo su fuerza de voluntad le permitió seguir adelante con esta carga forzosa y con el compromiso orgánico juvenil que le llevaba a Boñar cada domingo. Linaza destacó en una disciplina deportiva, entonces muy en ciernes como era el esquí de fondo. En todas las tareas de cualquier clase que emprendía destacaba sobre los demás, ya fueran físicas, manuales o intelectuales, lo que le proporcionó no pocas satisfacciones en forma de reconocimientos, diplomas, menciones, etc., que su natural discreción y humildad le llevaban a ocultar bajo el colchón de su cama. Su compromiso social y político le llevó, llegada la democracia, a participar políticamente con Alianza Popular. Ostentó responsabilidades orgánicas y de la administración hasta ser nombrado gerente del Hispánico, donde, de nuevo, dio muestras de su carácter de buen trabajador y organizador e hizo una gran labor por su gran disposición de ánimo y su valor. Linaza siempre fue serio y responsable lo que no le impidió ser un gran amigo y favoreció a todo aquel que le necesitó. Le gustaba la buena vida y el buen comer y tenía un gran sentido del humor, lo que le hacía ser una buena compañía. A Linaza sólo le detuvo, hace unos años, una enfermedad que le acosó desde su juventud y que le llevó a una gran dependencia física, primero, y sensorial y cerebral después, de las que, lastimosamente, no recibió el más apropiado tratamiento. Linaza, no ha muerto. Sólo se ha ido al puesto que tiene allí, en los brazos de que le iluminó siempre para ser un hombre bueno.

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