| Crónica | Por el canal abajo |
No dejarse engañar por la sed
La alternativa planteada para poder disponer de caudal concede aire a los agricultores leoneses, tradicionalmente sujetos a los caprichos del agua

En Castrotierra ven bajar el agua casi sin poder usarla
El agua es una paradoja en la provincia leonesa. De tan clara que parece, el refrán aquí no se respeta y, pese a la cantidad de embalses que adornan el mapa geográfico del viejo reino de León, el campo se agrieta cuando llega el estío y el fruto remolonea bajo la superficie. Seguir la cadena a partir de estos principios es fácil: que el producto sea malo, escaso o inexistente se traduce en que los ingresos de los agricultores repiten estos mismos adjetivos. Y luego llega la cantinela del abandono y la despoblación; el estribillo machacón de la búsqueda de alternativas en otras zonas hacia las que fluyen los ríos leoneses y se llevan con ellos la gente. Desde principios del mes de abril, con el punto de partida en la reunión celebrada en la capital pucelana por los responsables de Confederación Hidrográfica del Duero con el Sindicato Central del embalse de Barrios de Luna, se trabaja en buscar una solución para los riegos del Páramo. Ahora parece que se encuentran las primeras marcas de avance para que el agua espere un pco más de tiempo en terrenos leoneses, sin tener que volver a anegar ninguna población, como se llegó a proponer en los albores de la década de los noventa con la zona de Omaña, que desde entonces grita todavía en sus paredes insumergible. Los tópicos para hablar de los recursos hídricos se entretienen en soluciones que no son afortunadas para León: pasa el agua, baja el agua, corre el agua..., sin que se sepa muchas veces hacia donde cae la riqueza, que nunca acierta a remontar el caudal del río. En los pueblos leoneses, los jóvenes hacen bromas antes de salir de fiesta: «No te dejes engañar por la sed», se recomiendan unos a otros.