Diario de León

Un inspector reconoce que el sospechoso fue detenido antes de haber identificado el cuerpo

La policía encontró sangre de otra mujer junto al cadáver del crimen del maletero

El procesado robaba y echaba la culpa al «espíritu» de un hijo muerto de la víctima, según una testigo

Miguel Ángel Zamora
León

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La Policía Nacional encontró junto al cadáver de la víctima del crimen del maletero un pañuelo empapado en sangre, cuyo ADN se reveló perteneciente a otra mujer diferente a la fallecida, si bien no ha trascendido su identidad. El hallazgo tuvo lugar durante la inspección ocular realizada en el interior del vehículo, el pasado 16 de septiembre del 2004, poco después del levantamiento del cadáver, mientras se examinaba el interior del vehículo, bajo el asiento del conductor. La sección primera de la Audiencia Provincial celebró ayer la segunda jornada del proceso que se sigue contra un leonés de 35 años, acusado de asesinar a su ex compañera sentimental en septiembre del 2004, hechos por los que el ministerio fiscal solicita una condena de 18 años de prisión, una indemnización de 80.000 euros para cada uno de los dos hijos de la fallecida, y otros 10.000 euros para la madre de la víctima. La acusación particular eleva la pena a 20 años de prisión y la acusación popular, que encarna la Asociación Clara Campoamor, se suma a las calificaciones provisionales. La defensa entiende que procede la libre absolución de su patrocinado, al considerar que las pruebas más concluyentes se extrajeron del domicilio del procesado, a través de una orden de registro que vulnera las normas constitucionales. 22 testigos prestaron declaración por espacio de cinco horas y media. Los testimonios provocaron momentos de cierta tensión en la sala. HIJO DE LA VÍCTIMA «Aquella relación que tenían era una vergüenza» «La relación que tenían mi madre y él empezó bien, pero al final, era una vergüenza lo que pasaba. No sé por qué mi madre seguía con él, tal como la trataba. Supongo que por cabezonería». LA MADRE «¡Dí la verdad, asesino y que hagan justicia contigo!» «Yo también tenía miedo de ese hombre. Quitaba el dinero a mi hija, y a mí me dijo que sólo estaba con una mujer cuando podía sacarle a la relación un beneficio económico. Él la robaba y decía que el ladrón era un hijo de ella, que había muerto a los 18 años, pero me la engañaba y le decía que es que el niño se levantaba de la tumba por las noches y venía a casa, y ella se lo creía. Hagan justicia ustedes, y tú ¡dí la verdad, asesino! (dirigiéndose al procesado)». A preguntas de la defensa reconoció estar bajo tratamiento médico. UNA HERMANA «Quise denunciarle por malos tratos, pero ella no me dejó» «A ella le habían metido en la cabeza que su hijo de 18 años, el que había muerto, venía a casa en espíritu y llamó un día a mi otra hermana, para decir que había picado en el portero de su casa y que había contestado el crío. Una vez ya me cansé y quise denunciar a la Policía Nacional los malos tratos, pero ella se puso a llorar y no me dejó. Es cierto que fueron una vez a un programa de televisión, porque había habido infidelidades». OTRA HERMANA «De un bofetón la dejó sin sentido» «Él me reconoció un día que la había propinado tal bofetón que la dejó sin conocimiento, y todo lo que se le ocurrió hacer fue recostarla en el sofá y marcharse. Supe desde el primer momento que era el asesino». LA AMIGA ÍNTIMA «Ella iba a declarar contra él por el incendio de Trobajo» «Ella estaba harta, agotada emocionalmente y hundida. Tenía pensado no declarar en un juicio que quedaba pendiente contra él por un incendio en Trobajo, pero después de lo que la estaba haciendo dijo que no podía mentir, pero que tampoco quería callarse lo que sabía, porque no merecía que le encubriera. No se hizo ninguna herida durante la mudanza (el día anterior, acusado había justificado así la aparición de sangre de la víctima en su domicilio). Nunca tuve relaciones sexuales con él y para que no nos encontrara, nos íbamos al Ritornello y al Palermo». En torno a la primera inspección del domicilio de la víctima, surgió controversia. Los informes policiales declaran que fueron los bomberos quienes abrieron la casa, pero la testigo juró por sus hijos que había sido ella quien había abierto la puerta con las llaves que había puesto a su disposición la fallecida. EL AMIGO ÍNTIMO «Me confesó que la quería pero que perdía los nervios» «Una vez le dije a él (refiriéndose al acusado): 'Si tanto la quieres, ¿por qué la molestas? Y me confesó que a veces le entraba mucha rabia y perdía los nervios. Yo no tenía una relación sentimental con ella, solamente nos acostamos tres o cuatro veces». LA DUEÑA DE LA CASA «No había humedades en ningún sitio» La propietaria de la última casa en la que residía el acusado, donde supuestamente se cometió el asesinato, negó como había afirmado el procesado el día anterior que un desconchón de una pared, en el que la Policía Científica halló sangre de la víctima, fuera debido a la humedad: «Es imposible, la casa se le entregó en perfecto estado. Y tampoco es cierto que le dijéramos que se la íbamos a pintar». LA POLICÍA LOCAL «Desde fuera se veían gusanos corriendo dentro del coche» «Nos extrañó que aquel coche llevara allí tantos días y cuando vimos que estaba lleno de gusanos y moscas, lo abrimos, pensando que habría un jabalí en el maletero, pero al tirar de la manta que lo envolvía, vimos unos pies descalzos, y ya avisamos a la central. Cuando fuimos a detenerle, dijo: '¿Qué es, por lo de Dori?' y no opuso resistencia, estaba frío y tranquilo». LA POLICÍA NACIONAL «Entre el volante y el asiento sólo había 30 centímetros» «Nos llamó la atención lo cerca que estaba el volante del asiento del conductor. Una persona de 1,60 habría entrado muy justa. Detuvimos al sospechoso sin haber identificado aún el cadáver porque todos indicios apuntaban hacia él, pero había una orden. LA GUARDIA CIVIL «Ella no nos hizo caso y no quiso la orden de protección» «Andaban siempre con tantas denuncias entre ellos, que se le aconsejó a ella pedir una orden de protección, pero no la quiso».

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