Diario de León

Muchas explotaciones no se han recuperado de crisis ganaderas como la brucelosis o las vacas locas

Las epidemias obligaron a sacrificar 11.839 reses en los últimos seis años

El rebrote de algunas enfermedades ha enviado al matadero este año a 568 animales infectados

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Marco Romero - león
León

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Crisis ganaderas como las provocadas por la brucelosis, la tuberculosis o el mal de las vacas locas han obligado a sacrificar en León a casi doce mil reses enfermas (11.839) desde hace seis años, cuando la epidemia que expandió la bacteria de la brucela diezmó notablemente la cabaña ganadera de muchos puntos de la provincia. Los titulares de las explotaciones que tengan animales con positividad, siguiendo los protocolos de la Administración autonómica para la erradicación de enfermedades, están obligados a sacrificar a las reses infectadas. Según los datos que año a año ha ido aportando la Delegación de la Junta en León, a los que ya se suma el repunte de brucelosis y tuberculosis detectado en la segunda campaña de saneamiento del actual ejercicio, el sacrificio de reses enfermas, numéricamente, afectó más a las majadas de ovejas que a las ganaderías de vacuno, aunque los vaciados sanitarios que motivó el virulento brote de brucelosis del año 2000 hundió muchas explotaciones que todavía hoy tienen un horizonte de 15 a 20 años para recuperar la calidad de la cabaña. Regresión gradual hasta ahora Desde el año 2001, fecha en la que se llevaron al matadero 1.163 vacas con brucelosis, la regresión había sido gradual hasta el año pasado, cuando se alcanzó el mínimo de 64 reses afectadas por la enfermedad. Sin embargo, en el 2006 se ha detectado un nuevo repunte, moderado por el momento, que ya ha obligado a sacrificar 239 vacas en lo que va de año, principalmente a partir de la segunda vuelta de la campaña de saneamiento, que coincide con el segundo semestre. Desde el verano hasta la primera semana de diciembre, la incidencia de la enfermedad se multiplicó por 40 respecto a la primera mitad del ejercicio. Cuantitativamente, el número de animales enfermos fue veinte veces mayor en ese periodo. Esta segunda vuelta de análisis para detectar brucelosis es obligatoria para todo el ganado bovino, sin embargo las pruebas de la tuberculosis, en la segunda campaña, se concentran sólo en aquellas explotaciones que han tenido positividad o son sospechosas de tenerla, de ahí que la incidencia se dispare en la estadística que refleja esta segunda revisión. De las 151 majadas que se analizaron, el 10,62% dieron positivo en tuberculosis, cuando en el primer semestre el porcentaje fue del 0,72% sobre un censo de 2.805 establos. No ocurre lo mismo con la brucelosis, puesto que la obligatoriedad de las dos pruebas anuales permite comparar la situación de la cabaña antes y después del verano. Por esta razón, para una parte del sector ganadero el rebrote debería ser tenido muy en cuenta. Los actuales niveles de afección son más que aceptables para los responsables de Agricultura -el jefe del servicio, Fidentino Reyero, subraya que León tiene la segunda mejor estadística de la comunidad- y para el sindicato Asaja, aunque Ucogal y Coag consideran que hay motivos suficientes de alarma que deberían invitar a fortalecer los controles veterinarios. Ovejas sanas Respecto al diagnóstico que se puede hacer de la incidencia de la brucelosis en el ganado ovino y caprino, a tenor de la misma estadística, es más que optimista. La positividad se encuentra en un mínimo récord. Los resultados de las campañas de saneamiento de la Junta han funcionado de una forma sobresaliente, puesto que, aunque no se puede hablar de erradicación, se ha logrado controlar el brote y rebajar de casi 3.000 animales sacrificados por esta razón en el 2001 a los 177 de este año. Las indemnizaciones que deberían resolver los efectos de los sacrificios apenas los atenúan. «El que tiene esa desgracia, las compensaciones no le cubren el valor del ganado ni con mucho», afirmó el presidente de Ucogal, Matías Llorente. Lo que pierden Al margen de que la selección de nuevo ganado requiere tiempo y dedicación, las subvenciones y las indemnizaciones dejan un vacío que varios ganaderos calculan en unos 500 o 600 euros, más o menos lo equivalente a la producción que se pierde por el sacrificio del animal. «A muchos ni siquiera les ha cubierto todas las pérdidas el seguro privado», aseguraba la pasada semana un ganadero de la montaña oriental, donde casualmente se concentra la cabaña ganadera más saneada de la provincia, según la información que dispone el servicio de Agricultura. «El que tiene esa desgracia, la indemnización no le cubre las pérdidas ni con mucho» MATÍAS LLORENTE Presidente de Ucogal

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