La prevención cura en salud
El programa Indica.le del Plan Municipal sobre Drogas pretende orientar a las familias de adolescentes que abusan de estas sustancias para que encuentren soluciones al problema

El hachís es ya la tercera droga entre los jóvenes, sólo superada por el tabaco y el alcohol
El trabajo con menores es ya una de las estrategias de actuación del Plan Nacional sobre Drogas hasta el 2008, ya que, según la última encuesta del 2004 sobre consumo de drogas en Castilla y León, la edad media del primer contacto con estas sustancias es los 13,2 años para el tabaco; los 13,7 para el alcohol; y los 15 para el cannabis. Además, con esta indagación se constató que el 44,2% de los estudiantes de la comunidad fumaron porros alguna vez en su vida y el 24,3% lo habían hecho en el último mes. En la actualidad, el hachís se ha convertido en la tercera droga entre los jóvenes, cuyos índices de demanda sólo los supera el tabaco y el alcohol. En este ámbito, el programa de prevención familiar del Plan Municipal sobre Drogas de León desarrolla desde hace un año el proyecto Indica.le, que ubica su actividad en la oferta de soluciones a las familias con hijos que abusan de alguna droga sin que exista aún dependencia. Actualmente acuden a terapia diez madres, dos padres y cuatro jóvenes, aunque veinticuatro personas se han interesado por las actividades que realiza este organismo desde que se gestara la idea. Así trabajan La coordinadora de la iniciativa, Paula Rueda, asegura que la detención precoz de estos casos, en los que el consumo todavía es incipiente, posibilita una intervención temprana con las familias y con los jóvenes para conseguir frenar o reducir estas conductas. La actuación, a partir de la constatación del problema y de la voluntad de asistir a la terapia por parte de los afectados, dura varios meses y se desarrolla en sesiones semanales dirigidas por un equipo multidisciplinar: trabajadora social, psicopedagoga y psicóloga. «El proceso se inicia realizando entrevistas individuales, tanto con la familia como con los chicos, con la intención de personalizar cada caso», explica la encargada de dar forma a los contenidos del programa, quien afirma que hacer un buen diagnóstico aumenta la eficacia de la mediación. Silvia tiene dieciséis años y desde hace uno acude acompañada por su madre, Pilar, a la oficina del Plan Municipal sobre Drogas, situada en la calle la Serna número 8. Allí participa de las sesiones que dirige Paula Rueda y es allí donde su adicción se ha suavizado. Ella, como muchas otras niñas de su edad, cuenta que el primer contacto con el cannabis lo tuvo a los catorce años pero dice, también, que ahora consume de manera esporádica y que, «gracias a Indica.le», ya sabe decir que no. Aunque es parca en palabras, y se muestra nerviosa, denota una complicidad con su madre que, según manifiestan ambas, es inédita. Antes, afirma Pilar, la comunicación no era buena y Silvia tenía un comportamiento contestatario hacia las personas que estaban dentro de su vínculo afectivo. «Al principio, cuando tienes un problema de este tipo en tu propia casa, te entra miedo porque no sabemos mucho sobre las drogas», puntualiza Pilar, al mismo tiempo que agradece que uno de los pilares que sustenta la actuación del Plan se articule en la intervención con jóvenes, cuyas edades oscilan entre los doce y los veinte años. «Uno de los principales objetivos de este planteamiento es trabajar aspectos que motiven al adolescente a permanecer en el programa y hacer que participe activamente en el cambio», aduce la responsable de Indica.le, quien resuelve en los conflictos familiares, la desocupación, el fracaso escolar y los problemas psicológicos, los aspectos en los que hay que indagar para vislumbrar las características socioemocionales que influyen en la aparición y mantenimiento del consumo. «En este ámbito la actuación pasa por ayudar a establecer una comunicación eficaz con los hijos que están abusando de los estupefacientes, así como dar pautas para que se establezcan límites», finaliza.