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VICTORIANO CRÉMER
León

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HAY CENTROS, ORGANIZACIONES, cabildos y gobernadurías que no paran. Su función es crear riqueza, organizar industrias, descubrir minas de lo que fuere y de paso ordenar los dineros del común y distribuirles según las necesidades de cada lugar. León se ha caracterizado, desde tiempos de los romanos de Galba, por su condición específicamente comercial, pero eludió el compromiso de las chimeneas, quizá porque los humos industriales cegaban la visión lírica y blanca de la Catedral. El caso es, o fue, que la industria a la que el siglo reclamaba un lugar al sol, se desplazaba a Valladolid, a Palencia, a Burgos y las chimeneas ladrilleras de nuestros tanteos industriales fueron arriadas. Y León, consecuentemente, se quedó sin gente. Se quedó, si se quiere, como en los tiempos relativos de Alfonso VI, el Emperador. Hasta que llegó a la regencia de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de León, un poderoso viento en forma de director de impulsos y se inició el cambio: León dejó de figurar, o lo intentó al menos, al ser apático, el pueblo desidioso que asistía a la puerta de sus tabernas para ver pasar el cadáver de su enemigo, para abrir cauces para que los leoneses al fin dieran con la senda que hacia su mejoramiento le encomendaban. Se abrieron comercios de nuevo estilo, y los pueblos del Bierzo y de la montaña, y de la ribera, todos los viejos pueblos cargados de historia y miseria, comenzaron a moverse. Y la cámara, impuesta de un compromiso y de su responsabilidad comenzó a abrir sucursales en pueblos, en provincias, en naciones universales. Como el proyecto que está a punto de madurar de la apertura de una Oficina Comercial en Asia. En China. Sí, señores de La Corredera y ciudadanos de Cuadros o de Villaquilambre: León, por el fiero impulso de la raza y el tesón creador de su presidente-director, Lamelas Villoria, se dispone a abrir tienda operativa en China, a donde no llegaron ni los misioneros, que se quedaron en Filipinas. Ya se han comenzado a enderezar los primeros pasos, y ya se han abierto en la capital del Viejo Reino, jornadas informativas con la asistencia de una auténtica original de China, sólo que dotada de los suficientes instrumentos comerciales como para abrir cauces de entendimiento. Y la verdad es que uno, o séase yo mismo, un tanto escéptico ante la lentitud taurina con que en León se suelen desarrollar los planes de crecimiento, que es que no salimos de tercera división, esperar que esta iniciativa no se convierta en una columna de humo y se pueda al fin justificar plenamente el éxito de la iniciativa con la real apertura de nuestros índices económicos, tanto a China como a Cuadros o a Villaquilambre. Para interesar a nuestros responsables en el terreno comercial, industrial y económico, los agentes de la Cámara han comenzado sus visitas a tierras activas del Bierzo y se espera que esta información, servida en bandeja -de China, por supuesto- obtenga el clamoroso triunfo que necesitamos. No nos hace falta más que romper con nuestra apatía tradicional y aprender el chino.

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