Decenas de ejemplares adaptados a la trashumancia parten desde León hacia tierras gallegas
Los ganaderos gallegos importan el mastín leonés para hacerle frente al lobo
Los cachorros que cotizan a 600 euros son adiestrados para guardar rebaños en cercados metálicos

Un ejemplar de mastín leonés en la última celebración de la Fiesta del Pastor, en Barrios de Luna
Algunos ganaderos creen que son el mejor remedio para plantar cara al lobo. Otros los ven como un complemento perfecto para los vallados de 1,80 metros de alto y electrifi cados, donde guardan los rebaños. Lo cierto es que los mastines leoneses están llegando por decenas a Galicia -sólo la asociación de ganaderos de ovino, Ovica, ha repartido sesenta ejemplares desde el pasado mes de septiembre-, para ponérselo un poco más difícil al lobo en sus ataques y mantener el equilibrio en toda la zona. Uno de los mayores propietarios de ovino, con cientos de cabezas en la sierra de Meira (Lugo), es Alejandro Salvatierra. Conoce los mastines desde hace algunos años, y en este tiempo los ha comprado, adiestrado y vendido. Por sus manos han pasado una docena y ahora posee cinco de estos animales, tras vender uno para un ganadero de O Xistral que ha visto diezmado su rebaño de cabras y ovejas. Eso sí, Alejandro Salvatierra también ha tenido bajas, pues dice que «los perros también tienen fallos, como los humanos». Dice que, para conservar el ganado, el pastor debe estar pendiente, ayudarse de cercados metálicos electrificados y contar con el apoyo de los mastines. El veterinario de Ovica Miguel Viña coincide con él, aunque tiene referencias de lobos que han tratado de trepar por las mallas. Los mastines que reparte esta asociación, subvencionados por la Consellería de Medio Ambiente, los recluta básicamente el grupo ecologista Outeiro de O Carballiño, que además gestiona la perrera de la mancomunidad orensana. Francisco Valeiras, naturalista y experto en mastines, explica cómo llegan hasta ellos los animales: «Nos pusimos en contacto con criadores leoneses que podían vendernos los mastines, y la mayoría los traemos del Alto Sil, en la comarca de Laciana, aunque también acudimos a Zamora para meter sangres distintas y buscar perros de talla media». Las camadas pueden ser de nueve cachorros, depende de la juventud de la hembra, pero lo normal es sacar adelante cinco, que se venderán por 600 euros cada uno o más. Transporte, veterinarios, alimentación y adiestramiento son importantes para un can rústico, cariñoso, noble, inteligente y firme con el lobo. En León el mastín es un perro legendario, resultaba imprescindible para la trashumancia castellana, navarra o extremeña, cuando las ovejas merinas y la Mesta eran la primera industria del país. En Galicia, al no haber tradición de trashumancia, puesto que el ganado era sedentario, tampoco existe bagaje de adiestrar mastines, ni siquiera en zonas loberas llanas como la sierra de la Loba y Cova da Serpe. El mastín español de origen leonés se considera la mejor raza para defender el ganado. Pero debe vivir con las reses. «Si permites que deambule -explica Valeiras-, el perro se estropea y buscará a las perras del pueblo; debe saber desde pequenito que o su lugar está junto al ganado, con el que debe dormir,y no hay que confinarlo o atarlo con cadenas, porque se estresa». Su ladrido ronco y grave se oye a lo lejos, y advierte al lobo de que las ovejas no están solas, por lo que además valorará si merece enfrentarse a un perro que le supera en peso. En este sentido, los cánones hablan de que el mastín puede llegar a los 120 kilos de peso, pero según los seleccionadores de O Carballiño «lo normal es que esté entre 50 e 90 kilos, aunque el leonés es algo más bajo que los de la meseta, pero con 50 kilos le sobra para trabajar bien, porque el pedigrí o la talla importan menos: lo básico es que sea ganadero, transhumante e alimañero, con instinto de presa para poner en fuga cualquier peligro para el rebaño». Doble papada, mucha piel, cabeza ancha y con arrugas son rasgos del mastín. No será buen guarda y pastor si crece en una urbanización. A Alejandro Salvatierra le duran menos porque los suyos viven todo el año al raso con el ganado, bajo el calor o la lluvia. Le han ofrecido alguno de la raza montaña del Pirineo, y criadores de Tomiño (Pontevedra) le pagarán por acoger alguno de concurso y saber si conservan algo de su instinto.