El ex alcalde de León tomó posesión como presidente del órgano ante las máximas autoridades
Amilivia se plantea como reto una mayor inmersión social del Consejo Consultivo
Considera que la institución no es un «ente fiscalizador» para entorpecer a las administraciones Un

J.L. Leal
El nuevo presidente del Consejo Consultivo de Castilla y León, Mario Amilivia, abogó ayer durante el solemne acto de su toma de posesión ante las máximas autoridades de autogobierno de la comunidad, por que la institución consultiva asuma sus funciones «con la mayor sensibilidad social y desde la realidad que le rodea», y defendió que el control de legalidad, que le asigna sus competencias, no es «un obstáculo ni un ente fiscalizador que retrase» el funcionamiento de las administraciones públicas. Amilivia proclamó, tras jurar el cargo desde la lealtad al Rey, a la Constitución y al Estatuto de Autonomía, que asume la presidencia del Consejo Consultivo con humildad y responsabilidad y con el honor que conlleva que le hayan propuesto y elegido, por ello expresó su agradecimiento al presidente de la Junta, grupos parlamentarios y los consejeros de la institución consultiva, que le designaron. «Espero no defraudarles y ser digno de su confianza, puedo asegurarles que ilusión, dedicación y esfuerzo no me van a faltar en el desempeño de las funciones encomendadas», afirmó, y destacó que el Consejo Consultivo, en sus tres años de trayectoria, ha respondido a las expectativas porque sus sugerencias se tienen en cuenta por los responsables públicos que piden consejos. En este sentido, enumeró los más de 3.000 expedientes emitidos, la doctrina fijada en sus dictámenes, la defensa de las competencias autonómicas, los 34 anteproyectos sobre los que ha emitido informe o las más de 110 dispositivas generales. De este trabajo, valoró que tanto la primera presidenta, María José Salgueiro, como el presidente en funciones hasta su nombramiento, Manuel Estella Hoyos, han hecho «sus deberes» y las bases de la institución como «autoritas» están fijadas. «Órgano necesario» Así, estimó que en este periodo este órgano «necesario» se ha consolidado en la comunidad y en la vertebración del Estado de Derecho, que definió como la única expresión legítima de la razón práctica, mientras que apostó por que la política no sea «griterío, confusión, oportunismo ni frivolidad», sino «el arte de realizar en cada momento histórico aquella porción del ideal del hombre que taxativamente permiten las circunstancias». Amilivia reiteró que el Consejo Consultivo ha cumplido las funciones de auxiliar de la autoridad consultante, de objetividad e independencia, de control previo de legalidad para que las administraciones tomen «las mejores decisiones posibles», avaladas por «un sello de calidad o una certificación previa de legalidad». «A partir de ahora no me cansaré de repetir que el Consejo es una institución que coadyuga para conseguir» que las administraciones adopten las mejores decisiones, concluyó.