El acusado se niega a declarar pero reconoce que está «orgulloso» de pertenecer a la banda
El atentado de ETA en la cafetería «Las Lleras» fue ordenado por Txeroki
El juicio contra el etarra Carmelo Laucirica comenzó ayer en la Audiencia Nacional

El etarra Carmelo Laucirica, ayer en la Audiencia Nacional
El etarra Carmelo Laucirica, a quien se comenzó ayer a juzgar por la colocación de sendas bombas el pasado seis de diciembre del año 2004 en Santillana del Mar (Cantabria), Valladolid, Ávila y León, ésta última en el establecimiento Las Lleras 38 de la céntrica calle de Burgo Nuevo, aseguró a la policía que esta campaña fue ordenada por Mikel Garikoitz Aspiazu, alias Txeroki. Así se ha puesto de manifiesto en la sesión celebrada en la Audiencia Nacional, en la que ante la negativa de Laucirica a declarar se han leído las manifestaciones que éste prestó ante la policía cuando fue detenido en marzo del 2005. El acusado, que como en ocasiones anteriores se ha limitado a decir que está «orgulloso» de ser militante de ETA, manifestó entonces que Txeroki ordenó la campaña, consistente en colocar cuatro artefactos explosivos en establecimientos cuyo nombre tuviera relación con la Constitución Española o con la palabra España. Para llevar a cabo esta acción, meses antes Txeroki entregó el material necesario al acusado y a otro miembro del comando Ina, integrado en el comando Donosti de ETA, tras lo que el dirigente etarra llevo a los dos colaboradores «con los ojos tapados» hasta Perpignan, donde les recogió otra persona que les llevó a Port Bou para que comenzaran desde allí su recorrido por el país. Laucirica relató que se dirigió a varias localidades españolas para obtener la información solicitada por Txeroki acerca de posibles objetivos, que finalmente fueron tres cafeterías y un aparcamiento de las mencionadas localidades y que explosionaron el día fijado, después de que el etarra avisara al diario Gara mediante una llamada desde Burgos. Ayer también han testificado los propietarios de las cafeterías afectadas, que han afirmado que ya recibieron las indemnizaciones correspondientes por los desperfectos causados, así como testigos presenciales de la explosión de Santillana del Mar, que sufrieron sordera durante unos días por la onda expansiva de la explosión.