Diario de León

Una bomba, cosa del azar

El propietario de la cafetería Lleras 38, donde hace 3 años estalló un artefacto colocado por la banda terrorista ETA, recuerda el suceso, que le persiguió en sus sueños durante varias noches

Estado en el que quedó la fachada ed la cafetería Lleras 38

Estado en el que quedó la fachada ed la cafetería Lleras 38

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D. López - león
León

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«Siempre pensé que era una cosa de azar, y me tocó a mí». Así es como recuerda tres años después el dueño de la cafetería Lleras 38, José Huertas, aquel lunes 6 de diciembre que ETA escogió para hacer estallar en el interior de su establecimiento un artefacto. La explosión se produjo entorno a las 13.30 horas mientras la sociedad leonesa celebraba el XXVI aniversario de la aprobación en referéndum de la Constitución española. Una llamada alertó de la colocación del artefacto 10 minutos antes de que se registrara la deflagración. Unas 20 personas que se encontraban en el bar fueron desalojadas por los Fuerzas de Seguridad, que establecieron un cordón policial entorno a la plaza de la Pícara Justina. El atentado ocasionó sólo daños materiales en el interior de la cafetería y en la estructura del inmueble. José Huertas asegura que los actos terroristas que ETA intenta que cada 6 de diciembre, Día de la Constitución, se produzcan en algún punto de la geografía española, hacen que reviva aquel día. «Te quedas que no te lo crees», fue como explicó su vivencia. Los días y las noches que siguieron al atentado fueron difíciles para José, que según afirmó tenía dificultades para dormir ya que a menudo soñaba con «bombas». El último encuentro con sus recuerdos se produjo hace poco menos de un mes. El día 15 de noviembre fue citado por la Audiencia Nacional para declarar en el proceso abierto a los autores del atentado. El quiosquero de la plaza de la Pícara Justina recuerda el miedo y el frío de aquella mañana. Desde que la policía desalojó la zona hasta que pudo volver a su establecimiento pasaron muchas horas. Los tres años que han pasado han borrado el miedo que sintió ese día. Hoy sus clientes, dice, han acudido a comprar el periódico sin recordar el atentado perpetrado por ETA en la cafetería Lleras 38.

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