| Entrevista | Florencio Luengo |
«No se podrá sacar un nueve en Literatura sin ser respetuoso»
La reforma educativa que auspicia Europa incluye entre sus competencias básica el civismo, según el experto invitado por Stele al curso de Educación para la Ciudadanía

Florencio Luengo sostiene que la cultura imprescindible de la ciudadanía es más que una asignatura
Florencio Luengo es profesor de Lengua y Literatura y uno de los impulsores del Proyecto Atlántida, iniciativa por la educación democrática surgida en Canarias hace quince años, que se extiende por el centro y sur de España y que ayer se presentó en León dentro del curso de Educación para la Ciudadanía que organiza el sindicato Stele. Luengo entregó una propuesta de acción en León a la Junta a través de la directora provincial de Educación. La ciudadanía, recalca, es «un concepto hermosísimo que nace en la Grecia clásica, da un gran salto en las revoluciones burguesas del XIX que provoca la Ilustración y los grandes discursos del siglo de las Luces». El sufragio universal es su impulso moderno -1931 en España- y avanza con el desarrollo de los derechos humanos. -¿Atlántida ha sido la avanzadilla de Educación para la Ciudadanía? -El debate de la educación democrática y de la cultura imprescindible afecta a todas las asignaturas y está relacionado con otra cosa que dice la LOE: los ocho aprendizajes o competencias básicas que Europa nos pone como reto a todos los países miembros para hacer ciudadanos más responsables y dignos. Este debate ha sido muy silenciado por el fuego de la asignatura, pero va a ser el más hermoso. Sobre todo, porque en el 2009 (y hasta el 2015) los centros y los alumnos serán evaluados en competencias básicas. Atlántida ha sido avanzadilla en afrontar esta propuesta, no en la asignatura, porque la ciudadanía no se resuelve en una hora aunque está bien que exista y refuerce ciertos aspectos. -¿Cuál es la razón de que se revisen los conocimientos básicos del alumnado y qué relación guarda ésto con el civismo? -Europa ha debatido en los últimos veinte años que los problemas que tiene la sociedad obligan a que se modifique el modelo educativo porque una de las causas es que el aprendizaje en las aulas está muy alejado de la realidad: es impensable que un alumno que durante doce años da inglés sepa el genitivo sajón y no sepa pedir el pan en inglés o que trabaje con verbos irregulares en español y oraciones subordinadas y no entienda la portada de un periódico. Es decir, no está claro que lo que se enseña sea la cultura imprescindible que necesitan los ciudadanos en el siglo XXI. -¿Y cuáles son esas competencias básicas? -Uno, que sepan comunicarse (dé todos los verbos que quiera, pero comuníquese: lea, escriba, hable...); dos, aplicar los números y matemáticas (derivadas sí, pero hay aplicar los números a la vida y al trabajo); tres, conocer e interactuar con el mundo físico; cuatro, recoger y tratar de la información digital. La quinta ha sido elevada por Europa a categoría de gran competencia, es el civismo, la tolerancia, el respeto... y no es profesor de civismo el jefe de estudios, son todos los profesores, la familia y la calle... La competencia cultural y artística aboga por el respeto a la cultura tradicional y reconoce la innovación que supone la cultura moderna; la séptima aprender a aprender: ¿qué puede aprender un alumno que esté permanentemente sentado en una silla mirando el cogote del que está delante y apuntando cosas de la pizarra o resolviendo tres ejercicios del libro de texto... El aburrimiento, la apatía, la desgana tiene que ver mucho con todo esto. Y la octava es la iniciativa y la autonomía personal: si se quieren ciudadanos autónomos no vale una enseñanza tan dirigista. Estas ocho competencias son el alma de la nueva educación: Europa ha urgido a todos los países miembros, antes del año 2000, a que se pongan las pilas y modifiquen sus sistemas educativos. Porque un sistema educativo que hace fracasar al 40-50 por ciento del alumnado no puede sobrevivir. Con un cambio de modelo educativo esperamos que en cinco-diez años, haya un diez por ciento de fracaso. El gran debate es cómo incluir a los que no quieren y cómo ayudar más a los que lo necesitan sin olvidar a los mejores, como hace Finlandia. No es un cambio trágico, porque la LOE no ha cambiado los objetivos. -¿Se corre el riesgo de rebajar los contenidos para reducir el índice de fracaso escolar? -No se bajan los contenidos, Europa va a generar un gran debate para decidir cuáles son los saberes imprescindibles para toda la ciudadanía y cuáles los deseable para una parte del alumnado que puede aspirar a ochos o dieces. Ahora se intenta enseñar todo a todo el mundo y eso no es viable. Lo que habrá posiblemente es una variación de contenidos que ahora no se exigen. Por ejemplo: el respeto a la opinión ajena puede ser aprendizaje imprescindible y posiblemente lo sea también que hablen en inglés, pero sea deseable saber los verbos irregulares. Se trata de transmitir una cultura práctica que conecte con la realidad. PISA no manda hablar de los husos horarios, pero pregunta: ¿A qué hora deben chatear dos alumnos, uno australiano y otro español para no morirse de sueño? Evidentemente, para resolver esta tarea hay que aplicar los husos. -¿Quiere decir que Europa manda evaluar el civismo? -Sí, porque es la competencia básica número cinco. Ahora no hay respeto porque no se enseña ni se evalúa, pero en el futuro el alumno que tenga un nueve en Literatura y no sea respetuoso se quedará sin el nueve. -¿Cómo soluciona la tan traída y llevada falta de disciplina en las aulas? -En convivencia democrática, la quinta competencia básica, Atlántida ha marcado durante estos diez años el trabajo más extenso. Hay que pasar de un modelo autoritario duro, donde el castigo es lo habitual, a otro democrático que se aleja, desde luego, de la permisividad que estuvo de moda en los años 80. Hay que elaborar las normas desde las aulas a partir de problemas muy concretos, los que ocasiona el alumnado y los que surgen de la forma de actuar del profesorado. Sólo con partes, expedientes y expulsiones no se consigue nada. Los avances de la psicología dicen que para modificar un comportamiento tienen mayor alcance las motivaciones, los incentivos y los intereses en el aula. No descartamos el castigo, pero trabajamos mucho con el modelo de rehabilitación social: Naomi Campbell acaba de recibir trabajo social por los golpes propinados a su asistenta. -¿Qué papel tienen las familias en este nuevo reto? -Importantísmo, por eso hemos trabajado con Ceapa y en septiembre tendremos la agenda de las competencias básicas en familia para saber qué tareas de las casas permitirían a los alumnos elevar el nivel de competencia en las ocho cuestiones. Inventar cada día tareas diferentes y relacionarlas con esas competencias, de forma que los padres sean conscientes de qué tareas son adecuadas para elevar el nivel cultural. Una tercera pata imprescindible es el mundo social, la comunidad, el municipio porque lo que sabe un niño es lo que aprende en el aula, en casa y en las calles... Discutimos con sectores sociales (Intermon...) qué tareas de la calle, del tiempo libre guardan relación con las ocho competencias. El Consejo Escolar Municipal puede canalizar esto porque mejorar la educación y la cultura no es sólo un problema de profesores. Atlántida tiene quince comisiones de convivencia en otros tantos pueblos que sirven de ejemplo y experiencia. -¿Qué le sugieren las objeciones de conciencia a la asignatura? -Es una guerra mezclada con otros asuntos de partido, pero dado que hay sentencias contradictorias la mejor manera de solucionarlo es una sentencia rápida del Tribunal Supremo. Es una polémica innecesaria que no se da en Europa, ni siquiera en la Francia conservadora. Creemos que va a ser favorable a quienes pensamos que no hay lugar a la objeción de conciencia. En la Rioja, comunidad del PP, los servicios jurídicos de la comunidad han dejado claro que no ha lugar a esa objeción. Un profesor me preguntaba ayer que por qué no van a titular los que objeten si titulan alumnos que suspenden dos asignaturas. Le respondía que son casos muy diferentes: quien objeta no la tiene en el curriculum.