Casas de barro con corredor, silo y cuadras para una población agrícola
La mitad del alma popular leonesa se ha levantado en tapial y teja cocida, adobe y grijo. Los pueblos se unen así en espíritu y color al suelo del que viven. Esas construcciones, que aún hoy se pueden rastrear en la Sobarriba, se estructuran en torno al corral (con su fuente, pila o pilón, abrevadero o pozo), núcleo organizativo al que abocan las dependencias agrarias . Tiene dos entradas: el portón carretal para entrar con carro al corral y la puerta de la vivienda (a veces contiguas ambas). El zaguán es fundamental; desde él parten, a un lado, los accesos a la vivienda y, al otro, la entrada a establos, almacenes y al propio corral. Es bastante común la existencia de alguna ventana principal o balconada sobre el gran portón. La planta baja, además de las dependencias agrarias y de ganado, se compone de cocina, comedor, sala y algún cuarto o almacén, trastero. La planta alta se destina a habitaciones y alcobas. En el corral existe un cobertizo para resguardar el carro, los aperos, leña y alguna conejera o corte de ovejas. Al corral se orienta un corredor interior con solanera y balaustrada. Pocas resisten El barro es uno de los elementos de construcción de mejores prestaciones térmicas (cálido en invierno, fresco en verano). Es, a su vez, el material más barato y el más disponible. Con estos esquemas, en la Sobarriba aún quedan 5 casas de aperos. Dos de ellas en Villafeliz, otra en Solanilla y dos en Santovenia del Monte.