Diario de León

Los ecologistas advierten de que las centrales térmicas no serán viables ni con este sistema

La captura de CO2 «no salvará el clima» ni llegará a tiempo, según Greenpeace

La organización reclama que se abandone el uso de carbón para generación eléctrica Poca efica

Greenpeace proyectó imágenes sobre la central de As Pontes

Greenpeace proyectó imágenes sobre la central de As Pontes

María Jesús Muñiz Prieto
León

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La captura y almacenamiento de carbono, el proyecto en el que se basa en buena medida el futuro del carbón como fuente energética y que centra la actividad investigadora de los institutos impulsados en los últimos años por el Gobierno en El Bierzo, no salvará el cambio climático ni llegará a tiempo para que las centrales térmicas de carbón sigan siendo sostenibles. Así se concluye en un informe titulado El carbón en España, un futuro negro , presentado ayer por Greenpeace. La organización ecologista explica que estas investigaciones, «que tienen por objeto reducir los impactos del cambio climático debidos a la quema de combustibles fósiles mediante la captura de CO 2 procedente de las centrales eléctricas y su almacenamiento en depósitos subterráneos», «no ofrecen una solución que evite a tiempo un cambio climático peligroso». Pese a que el desarrollo de estos mecanismos está siendo ampliamiento promovido por las autoridades españolas y europeas para seguir construyendo y utilizando centrales de carbón, «no está previsto que el despliegue de estas tecnologías por las compañías eléctricas se pueda llevar a cabo antes del 2030 como muy pronto». Greenpeace considera que «para evitar los peores impactos del cambio climático las emisiones globales de gases de efecto invernadero tienen que empezar a reducirse en el 2015, dentro de sólo siete años». Más gasto energético Además la tecnología de captura y almacenamiento de carbono utiliza entre el 10 y el 40% de la energía producida por una central eléctrica, así que «se prevé que su adopción a gran escala acabe con las ventajas de eficiencia conseguidas en los últimos 50 años y aumente en un tercio el consumo de los recursos». Por otro lado, el almacenamiento subterráneo del CO 2 es arriesgado, y no es posible garantizar un almacenamiento seguro y permanente. «Incluso con niveles de fuga muy bajos podrían minar cualquier esfuerzo para mitigar el cambio climático». Además, Greenpeace recuerda que se trata de una tecnología cara, que puede llegar a duplicar el coste de las centrales y provocar que el precio de la electricidad se incremente entre un 21 y un 91%. Las centrales térmicas leonesas tienen niveles de emisión de CO 2 a la atmósfera muy superiores a las que tienen asignadas oficialmente para cumplir el compromiso de Kioto. Según el informe de la organización ecologista, entre el 2005 y el 2007 la central térmica de Anllares lanzó un 23% más de emisiones de las asignadas. Por su parte la central de Compostilla sólo tiene asignadas un 72% de las emisiones que realmente lanzó a la atmósfera en este periodo. En cuanto a La Robla, la cobertura de las emisiones asignadas es un 79% del total de las emitidas. El informe de Greenpeace considera que las 22 centrales térmicas de carbón que aún operan en España deben cerrarse porque sólo proporcionan un 23% de la energía eléctrica; mientras que lanzan a la atmósfera un 64% de las emisiones del sector. Apuesta además por fomentar las energías renovables, especialmente la eólica; y por destinar las ayudas del carbón a estas nuevas tecnologías.

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