Diario de León

«Si encuentro rojos enterrados, los sacaré y volveré a matarlos»

El auto del juez aporta testimonios desgarradores que revelan la crudeza de las órdenes que se dictaban por parte de los generales Queipo de Llano y Mola o desde la mismísima Junta de Gobierno

Detalle de una foto entre el listado de personas represaliadas entregadas al juez Baltasar Garzón

Detalle de una foto entre el listado de personas represaliadas entregadas al juez Baltasar Garzón

Miguel Ángel Zamora
León

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«Un examen imparcial y sereno de los hechos, nos lleva también a afirmar que al igual que los vencedores de la Guerra Civil aplicaron su derecho a los vencidos y desplegaron toda la acción del Estado para la localización, identificación y reparación de las víctimas caídas de la parte vencedora, no aconteció lo mismo respecto de los vencidos que además fueron perseguidos, encarcelados, desaparecidos y torturados por quienes habían quebrantado la legalidad vigente al alzarse en armas contra el Estado», destaca el juez en el auto, para fundamentar los motivos de su decisión. A criterio del juez, la represión se llevó a cabo a través de dos vías: «El Bando de Guerra y los Consejos de Guerra sumarísimos de urgencia». El proceso también distingue tres fases fundamentales. La de represión masiva a través de los Bandos de Guerra, que comprende desde el 17 de julio de 1936 a febrero de 1937, la de los Consejos de Guerra sumarísimos de urgencia entre marzo de 1937 y los primeros meses de 1945 y una tercera de acción represiva entre 1945 y 1952 marcada por la eliminación de guerrilleros y personas que les apoyaban. Acción en extremo violenta Aporta Garzón el testimonio de la Instrucción Reservada nº 1, de abril/mayo de 1936, dictada por el General Mola: «Producido el movimiento y declarado el Estado de Guerra (¿) se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas». La octava orden de urgencia a cargo de la Junta de Gobierno recién instaurada establecía órdenes concretas: «En el primer momento y antes de que empiecen a hacerse efectivas las sanciones a que de lugar el bando de Estado de Guerra, deben consentirse ciertos tumultos a cargo de civiles armados para que se eliminen determinadas personalidades, se destruyan centros y organismos revolucionarios». «Quiero aniquilarlos» El auto atribuye al general Mola una afirmación realizada el 19 de julio de 1936: «Es necesario propagar una imagen de terror (¿) Cualquiera que sea, abierta o secretamente, defensor del Frente Popular debe ser fusilado». En Radio Burgos reiteró sentimientos similares: «Yo podría aprovechar nuestras circunstancias favorables para ofrecer una transacción a los enemigos, pero no quiero. Quiero derrotarlos para imponerles mi voluntad. Y para aniquilarlos». En boca del general Queipo de Llano se ponen también las siguientes afirmaciones: «Yo os autorizo a matar, como a un perro, a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros: Que si lo hiciéreis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad». Más aún: «¿Qué haré?. Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mi, que yo se lo pegaré». «Berrear no las salvará» No es lo único: «Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombre. De paso también a las mujeres de los rojos que ahora, por fin, han conocido hombre de verdad y no castrados milicianos. Dar patadas y berrear no las salvará». Otro testimonio: «Ya conocerán mi sistema: por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello; les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos, los volveré a matar».

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