La Guardia Civil encontró en el lugar de los hechos 9 casquillos de una 9 milímetros parabellum
El calibre del arma que mató al joven es el mismo que lo hirió hace mes y medio
El hermano de la víctima quedó en libertad con cargos a última hora del pasado lunes

Los agentes observan las marcas de los disparos en la pared del edificio con el cadáver a su espalda
El calibre 9 milímetros parabellum que acabó con la vida de A.R.F. el sábado alrededor de las 13.00 horas en Villaobispo de las Regueras ya le había tatuado el tórax hace mes y medio en Coria. Una marca característica, confirmada en los 9 casquillos que se encontraron en la calle Menéndez Pelayo de la localidad leonesa, que la familia del fallecido conocía de antes: el 17 de octubre del 2006, cuando habían convertido la furgoneta del hermano del fallecido en blanco de tiro mientras circulaba cerca de Plasencia. El calibre del arma es bastante común, pero los responsables de la investigación descartan la coincidencia y se centran en la línea de trabajo que une los tres incidentes: un mismo grupo de sospechosos, que podrían tener vínculo familiar con el finado, y el ajuste de cuentas por drogas como motivo del enfrentamiento mantenido por los dos clanes ajenos a León. Mientras se continúa con los trabajos investigatorios, el hermano del muerto, que había sido detenido en el lugar de los hechos minutos después del tiroteo, fue puesto en libertad con cargos el lunes por la tarde, horas después de que se enterrara a A.R.F. en la localidad cacereña de Moraleja. J.R.F., que no ha querido aportar información alguna sobre los agresores, como ya hizo en el anterior suceso, en el que ni siquiera presentó denuncia, se enfrenta ahora a una acusación por tenencia ilícita de armas y tendrá que presentarse en dependencias judiciales para tener acotados sus movimientos, según fuentes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que apuntan que los cargos podrían hacer que único identificado de momento de la reyerta se enfrente a una pena de entre 3 y 6 años de prisión. Los trabajos de búsqueda de los otros cuatro implicados en el tiroteo mantienen como línea preferente de investigación la huida fuera de las fronteras principales. Incluso, se piensa que los tres integrantes del grupo en el que se encuentra el presunto homicida podrían haber vuelto a su localidad, cerca de Moraleja, dentro de la provincia de Cáceres.