| Crónica | Las horas trágicas |
«Las familias siempre preguntan si no hay marcha atrás»

Ana María Domínguez Berrot, coordinadora de Trasplantes
león
Detrás de las estadísticas, de las cifras que ayudan a analizar la tendencia de las donaciones de órganos en León, están las familias y el duelo. «Mi trabajo es apasionante, pero duro», asegura la coordinadora de Trasplantes del Hospital de León, Ana María Domínguez Barrot. El protocolo de donación se activa cuando el enfermo entra en muerte cerebral. «Legalmente está muerto, pero sus órganos aún funcionan durante un periodo no superior a las treinta y seis horas. Ese es un tiempo crucial para extraer los órganos, trasladarlos y trasplantarlos a una persona que los necesita». Pero la tarea comienza en las puertas de la UVI. Esta profesional, o el enfermero coordinador de la unidad, José Vicente Tato, se dirige a la familia. El fallecido aún está conectado a las máquinas que mantienen sus órganos con vida: late el corazón, respira. Por eso las familias dudan en un primer momento: «¿Pero, no hay marcha atrás?», preguntan. No entienden por qué su familiar está muerto si permanece aparentemente igual que otros días. Lo primero es atender a los familiares, ayudarles a superar la noticia y después se plantea la pregunta. «No todos los fallecidos son posibles donantes. Cuando nos comunican la muerte cerebral hacemos un montón de pruebas para comprobar que los órganos son útiles. Se piden una batería de analíticas, ecografías, etc. Con los resultados en la mano se habla con la familia». 1.170 leoneses (205 más que el año pasado) tienen carné de donantes. «Si hay un documento por escrito la familia no se niega, si así ocurriera, nosotros tampoco utilizaríamos los órganos, pese a que la ley dice que todos somos donantes a no ser que dejemos por escrito que no queremos serlo», asegura Berrot. «El número de carnés ha aumentado y es una buena referencia para las familias que, cuando existe ese documento, no se suelen negar a la voluntad del fallecido, facilita el trabajo».