| Reportaje | Tradiciones de León |
Cabezadas entre tarugos
Un año más se celebró la disputa dialéctica en la que se habló de la existencia delReino de León y la situación económicadel Ayuntamiento de la capital

león
La disputa más larga de la historia de León, la que se produce cada año en el claustro de la Real Colegiata de San Isidoro durante la ceremonia de Las Cabezadas, volvió a quedar ayer sin saldarse, después de 851 años de «pelea» anual entre los representantes municipales y el cabildo de san Isidoro.
Cuenta la historia, reproducida por Lucas de Tuy, que en 1.158 hubo una gran sequía en León y los leoneses sacaron los restos de San Isidoro en procesión, traspasando la frontera de la capital por casi dos millas. Cuando llegaron cerca de Trobajo del Camino, los restos se hicieron tan pesados que los hombres que lo portaban tuvieron que dejarlo en el suelo. Cuando fueron a levantarlo de nuevo, el peso no se lo permitió y, en ese momento, comenzaron a caer copiosas lluvias que libraron al pueblo leonés de la escasez. Sin embargo, los restos se quedaron en aquel lugar y el pueblo se sentía consternado por no poder trasladarlo de nuevo a la ciudad.
Cuando Doña Sancha se enteró, decidió acompañar los restos, a los que veló y lloró durante tres días y tres noches. La reina y los leoneses juraron no sacar nunca más al santo de los muros de la Basílica, si San Isidoro tenía a bien retornar a ella. Cuando Doña Sancha tocó el féretro la tierra tembló y llegaron cuatro niños que levantaron los restos como si de plumas se tratase. Desde entonces, el pueblo de León, lleva cada año un cirio de arroba bien cumplida y dos hachas de cera. Lo que para los regidores municipales es una ofrenda libre, u oferta, el cabildo lo toma como una obligación o foro. Así llevan más de 800 años.
El síndico municipal, el encargado de defender esa oferta, fue este año el concejal de Hacienda del Ayuntamiento, Miguel Ángel Fernández Cardo, que abrió la disputa dialéctica con una cuestión de orden: «que obviemos los contenidos de los libros de texto y los de supuesta historia que filtra cierta administración supraprovincial», porque, dijo Cardo, «estaremos de acuerdo en que existe un pueblo leonés, descendiente del Reino de León».
El síndico del cabildo isidoriano, Manuel García, hizo referencia a las raíces religiosas del pueblo leonés, y a todo lo que le debe al su patrón «del que ha aprovechado también su sabiduría», García sí le dio la razón en que «el Reino de León dio origen a España» y explicó que «pagar las deudas honra a quien las tiene y nosotros sentimos alegría porque, un año más, venís a pagar lo que debéis».
En su segunda intervención Cardo hizo referencia a la situación económica del ayuntamiento, explicando que «León sabe quedar bien con quien tiene que quedar bien, pero no nos añadan más deudas, que se nos desborda». Le pidió al cabildo que se lavaran los ojos con el agua que brotó en el altar y con la que Santo Martino curó de la ceguera al rey Alfonso Nono. Además, le ofreció «para sellar el acuerdo, un cetro de oro y piedras preciosas con cabeza de león»
Manuel García aceptó esta ofrenda, pero también como obligación y apuntó a que «este cirio parece que acude a Naturhouse, cada año viene más delgado», y a que «los representantes municipales son como los cines de barrio, cuando entras te han cambiado el programa». Cardo propuso otra opción, llevó un tarugo de madera de roble, para que el santo fuese el que decidiera. «Lo pondremos frente a urna y si el Cabildo tiene razón que lo convierta en oro, y si no, que se quede en su estado actual». Cardo terminó apuntando a que «el concejo de León, por su libérrima voluntad ha comparecido y hecho entrega de la acostumbrada ofrenda, como don obsequioso y voluntario». García, no aceptó e hizo referencia a que a los representantes municipales «les gustan mucho los efectos especiales», ya que en el 2008, el vicealcalde de la ciudad, Javier Chamorro, ofreció un «gochín ilustrado».
La discusión como cada año, no llegó a ninguna conclusión, sino aplazada para el próximo año, donde volverán a verse las caras. después de la tradicional misa, se llevaron a cabo Las Cabezadas que, en cada edición, realizan los regidores municipales y que dan nombre a esta fiesta, reconocida ya como de interés turístico regional.