| Reportaje | En la memoria de todos |
Defensor a ultranza del campo
Los ingenieros agrónomos, su familia, sus amigos y compañeros políticos no ahorraron en elogios para recordar a Manuel Álvarez que recibió la Insignia de Oro de Agrícolas
La esposa del Álvarez agradece el galardón ante Medina, Seco, Carrasco, Hermida, Fernández y Gonzále
león
Su esposa y sus dos hijos, sus compañeros de profesión y del ámbito político fueron testigos del cariñoso homenaje que la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad de León tributó a uno de sus profesores y gran impulsor del mundo rural de la provincia de León. Manuel Álvarez, que falleció el pasado mes de diciembre, recibió a título póstumo la Insignia de Oro de la Escuela de Agrónomos, máximo galardón de concede el centro, coincidiendo con la celebración de la festividad de San Isidro Labrador.
Además de su familia, el acto, que estuvo presidido por el rector de la Universidad de León, José Ángel Hermida, contó con la presencia del delegado de la Junta en León, Eduardo Fernández; de la presidenta de la Diputación Provincial, Isabel Carrasco; y de varios concejales del Ayuntamiento de León que fueran sus compañeros en los meses durante los que fue concejal, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento. También acudieron a la cita los decanos de los colegios oficiales de Ingenieros Agrónomos y de Técnicos Agrícolas, Gonzalo Medina y Maximino González respectivamente.
Su esposa Amparo fue la encargada de recibir la condecoración y también los abrazos de los amigos y compañeros de su esposo ya fallecido. Entre lágrimas y emoción, dio las gracias a la Escuela, de la que ella también fue profesora, por un galardón «que para él hubiera sido lo máximo».
Recordó que Manuel Álvarez «siempre quiso mucho a la Escuela y al Colegio Oficial» y sintió que él mismo «no esté aquí para recogerlo».
Antes, el director de la Escuela de Agrónomos de la ULE, Javier López, explicó que su vinculación con este centro académico, el trabajo constante y todo lo que Álvarez hizo por el campo leonés son motivos suficientes para concederle la Insignia de Oro. «Estamos orgullosos de entregar a nuestro compañero este galardón porque más allá de su dimensión profesional le recordaremos por su dimensión humana», recalcó López que recordó que, entre su larga trayectoria profesional, fue profesor también de la Escuela de Agrónomos.
«Queremos que su recuerdo sea imborrable», insistió el director del centro en un acto académico al que no solía fallar a pesar de sus problemas de salud y desde una mesa presidencial en la que siempre se sentaba.
También quiso pronunciar unas palabras la presidenta de la Diputación Provincial, Isabel Carrasco que, con lágrimas en los ojos, felicitó a la Escuela de Agrónomos por conceder al que fuera delegado de la Junta en León y director general de Industrias Agroalimentarias la Insignia de Oro.
«Era una buenísima persona y nunca le reconoceremos lo suficiente los méritos que hizo por el mundo rural y la industria agroalimentaria», resaltó Carrasco que no dudó en afirmar que su ausencia «sigue en nuestros corazones». Carrasco le definió como una persona «amable, todo corazón, que siempre hacia amigos» y destacó de él «su grandeza personal».
Unas palabras a las que se sumó el decano del Colegio de Ingenieros Agrónomos, Gonzalo Medina que recordó a este compañero de profesión como una persona «con autoridad y el liderazgo que da que te reconozcan que eres alguien especial».
Medina incidió en que siempre respondió y colaboró con esta entidad y fue «un mediador excelente». Finalmente concluyó: «Hemos perdido a un gran amigo».