La incertidumbre
Análisis | m. j. muñiz
El Proyecto Competidora es una prueba más de que la apuesta del empresario minero por el futuro del carbón es firme. Casi una cuestión de fe, si se analiza el entorno en el que el sector tiene que lanzarse a unas inversiones multimillonarias y a largo plazo (más en la coyuntura financiera actual). Una carga financiera que en el caso de la Hullera Vasco Leonesa supera el millón de euros anual, a la que se suman los incumplimientos reiterados (también este año, pese al compromiso firmado en el 2008) en el cobro de las ayudas al funcionamiento. El sector no ha recibido las ayudas del 2009, ni en el primer trimestre, como se pactó, ni a día de hoy. A mayores, cuando se confiaba en la resolución de las discrepancias por el pago de las ayudas del 2006, esta semana se le ha reclamado a la empresa también la devolución del 10% de las del 2007. Casi trece millones de euros en total pagados según unos criterios que ahora el propio Gobierno discute.
Y, con ser grave, no es ese el único problema del sector. Desde hace unos meses las eléctricas, amparándose en el descenso del consumo eléctrico y la prioridad que se da en el mix a la generación con otras fuentes (sobre todo las renovables), recogen un 15% menos del carbón pactado en el plan nacional. Una medida que sólo pretende que se paguen, como en años anteriores, los incentivos por consumo de carbón nacional, que este año suspendió Industria con el discurso de la caída del precio de las materias primas en los últimos meses del 2008. Presionan las eléctricas, pierden también las mineras.
A mayores, la fecha del 31 de diciembre del 2010 es una espada sobre la cabeza del carbón nacional. El reglamento comunitario sólo contempla ayudas (sin ellas la producción no es rentable) hasta ese momento, y a día de hoy no se ha resuelto qué va a pasar después. El próximo 15 de julio termina el periodo de consulta a los países sobre cuál debería ser el marco de futuro, y España aún no ha solicitado ayudas más allá del 2010.
Hacer así inversiones a una década vista, con el endeudamiento millonario que supone, es un acto de verdadera valentía minera.