Diario de León

Sólo tres de los más de 150 incendios de este verano no fueron intencionados

La mano de los pirómanos está detrás de la causa que ha originado los fuegos forestales que han destruido más de mil quinientas hectáreas en dos meses

Dos bomberos de León ante el incendio que saltó el miércoles al casco urbano de Villaviciosa

Dos bomberos de León ante el incendio que saltó el miércoles al casco urbano de Villaviciosa

Publicado por
L. Urdiales | REDACCIÓN
León

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Las estimaciones de los técnicos de la Junta de Castilla y León no dejan resquicio para las dudas sobre el origen de los siniestros forestales. Si el monte arde cuando hace calor es porque en casi la totalidad de los casos un mechero ha acercado la mano del hombre a un arbusto. De ahí a las llamas de seis metros, de los frentes kilométricos de fuego o los centenares de hectáreas hechas cenizas no media tanto, según se observa en el balance de daños que acumulan las incidencias estivales en los montes leoneses. Más de 1.500 hectáreas han sido bocado del fuego forestal durante los dos últimos meses, casi cuatrocientas más de las que abrasaron los incendios en el pasado verano. Todas las valoraciones iniciadas por los responsables de las investigaciones que se emprenden en todos los casos para determinar las responsabilidades y el origen de los fuegos señalan al pirómano como causa probable del siniestro; una vez, entre esos partes de tarea que emite la Junta se tomó como detonante del fuego a un rayo. El ejemplo está localizado en el alto Torío, el 20 de julio, coincidente con un proceso tormentoso; en la Cepeda, a comienzos de agosto, se localizó otro incendio mientras unas máquinas trabajan cerca de un espacio forestal. Y otro fuego en las proximidades de Torre del Bierzo que se adjudica al paso de un tren se ofrece como nueva excepción entre los motivos que han terminado con los montes ardiendo. En el resto de causas se repite sinfín el «intencionado».

La progresión de la campaña, señalada desde finales de primavera por el alto riesgo debido a condicionantes meteorológicos y ambientales, acercará el año en curso a las marcas negativas del 2000 y el 2005, con registros superiores al millar y a los novecientos incendios, respectivamente.

La fórmula del 30. Para evaluar el riesgo de que se produzca un incendio forestal se aplica la intermediación de diversos condicionantes meteorológicos, definidos en todos los casos por el número treinta. Que haya más de treinta grados de temperatura, que la humedad relativa del no alcance el 30% y que el viento sople a más de treinta kilómetros a la hora. Visto lo que hay en León se debe añadir que el pirómano prenda la mecha.

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