Reportaje | javier tomé
Salvaguardar la esencia del paisaje
El Grupo Aranea quiere recuperar los espacios y salvarlos de la homogeneidad

Marta García Chico, en los huertos de La Candamia.
Tejido vivo desde hace la friolera de dos mil años, la capital leonesa es una gran dama, madura y espléndida, necesitada no obstante de un lifting urbano y arquitectónico que mejore nuestra calidad de vida y haga de la ciudad un espacio ideal de crecimiento y convivencia. El colectivo valenciano Grupo Aranea, integrado por arquitectos, paisajistas, ingenieros agrónomos y otros profesionales de distintos contextos, se ha especializado en la organización de cursos y talleres cuya metodología se centra en el estudio de una determinada zona del país, con el propósito de aportar nuevas propuestas que revitalicen los paisajes y valores culturales de cada unidad.
En este sentido, el Grupo Aranea inició su trayectoria en el alicantino valle de Guadalest, allá por el año 2006. El año siguiente sus equipos de investigación se trasladaron al Alto Navia, en Asturias, bajo las premisas de trazar unas líneas de actuación basadas en un desarrollo ordenado que respetase el paisaje de este enclave del Principado. La siguiente etapa, en el 2008, tuvo como destino Tomiño, en Galicia, donde los integrantes del colectivo propusieron distintos modelos habitables para una comarca considerada como un puzzle vivo y dinámico. Ahora le ha tocado el turno a León, una ciudad que ha crecido en varias direcciones y precisa, sin duda, nuevos aires que ventilen su madeja urbana, distinguida por un puñado de tesoros con nombre propio: la Pulchra leonina , la basílica de San Isidoro, San Marcos o el Musac, edificio singular que muestra el rostro más joven y audaz de León.
En palabras de Marta García Chico, una de las responsables del Grupo Aranea, «los talleres pH paisajes Habitados surgen de la necesidad de buscar y salvaguardar la esencia de los paisajes, ante el efecto devastador que la intensificación de los procesos de ocupación del suelo ha provocado sobre ellos en las últimas décadas. Las urbanizaciones se han ido extendiendo, sin pausa, homogeneizando el territorio y borrando cualquier huella de identidad que pudiéramos encontrar a priori. Insensibles al lugar, se han destruido colinas, ocupado barrancos, eliminado bosques y prados, y dibujando viales y parcelas sobre el territorio, como si de un folio en blanco se tratara, para la implantación del diseño estándar que permitiera continuar con el proceso mercantil que sustentaba el país. Ante esta situación, los talleres nacen como un grito de socorro, una desesperada búsqueda de conciencias que reaccionen ante la progresiva destrucción de uno de nuestros principales recursos, el paisaje. Y ésta es la principal razón de que los pH surjan de y para los habitantes de cada lugar, y sea de gran importancia su participación en todo el proyecto, ya que son ellos los que pueden y deben pedir a sus gobernantes un cambio».
Con respecto a la actual situación económica, añade: «la crisis que vivimos en estos momentos ha ralentizado los procesos, dando un respiro a nuestros paisajes y ofreciendo una tregua para la reflexión. Es un buen momento para volver a centrar nuestra atención en las ciudades y tratar de recuperar parte de los valores que han quedado enterrados tras las innumerables capas que, año tras año, han ido transformando nuestras urbes en hermanas clónicas, donde sus habitantes se sienten cada vez menos identificados y que poco responden a sus necesidades reales. Ha llegado el momento de aprovechar esta oportunidad para acabar con esa mera gestión del mercado del suelo y volver a hablar de un proyecto lógico y realista. Queremos trasladar este enfoque esencial, esa búsqueda de identidad, para lanzar 6 miradas cuya suma e interacción den como resultado lo que puede llegar a ser un proyecto global de ciudad».
En dos palabras, la iniciativa trata de salvaguardar la esencia del León que fue y proponer nuevas claves para el León que quiere ser.